lunes, 3 de marzo de 2014

Recogepelotas malvados

Llevo tiempo dándole vueltas y lo acaecido ayer en el Vicente Calderón con los recogepelotas me ha dado el impulso que necesitaba para ponerlo en negro sobre blanco.

¿Quién no ha sonreído alguna vez al ver a un imberbe Guardiola de recogepelotas celebrando el pase a una final europea junto a Víctor Muñoz en 1986? ¿Y qué atlético no ha vacilado con la foto de un joven recogepelotas Raúl y la frase “Vuestra leyenda, nuestro recogepelotas”? ¿Saben quién es Charlie Morgan? Les invito a que lo busquen.

Tradicionalmente en España, los recogepelotas han sido siempre jóvenes futbolistas de la cantera que son premiados con la posibilidad de vivir los partidos sobre el mismo césped del estadio del primer equipo. Una bonita costumbre y un servicio gratuito y sostenible para el club. Su labor es supervisada por el delegado de campo.

Nuestra idiosincrasia granuja y bribona ha ido corrompiendo poco a poco a estos chavales, que se han convertido en un factor determinante más para que el equipo logre los objetivos marcados. De este modo, el delegado de campo puede ordenarles que devuelvan un balón con premura si el resultado les es adverso; o puede demorar la devolución del esférico si está conforme con el marcador del partido. Para frenar los contraataques de los rivales están las faltas tácticas, pero también los recogepelotas, que retienen el balón para evitar, por ejemplo, raudos saques de banda.


Ayer pudimos verlo en el derbi madrileño. Uno de estos jóvenes se negó a devolver con rapidez el balón a Cristiano Ronaldo para realizar un saque lateral y, cuando lo hizo, lo tiró hacia un lado, fuera del alcance del portugués. Una actitud deplorable. Muchas veces hemos visto incluso a entrenadores abroncando a los recogepelotas que han devuelto el balón con rapidez al equipo contrario. Muy típico en este país. Es intolerable que estos factores externos influyan de tal manera en el devenir de un partido. Lo mismo devuelven balones que retiran los objetos arrojados por el público para evitar sanciones al club, entorpeciendo la labor de la justicia deportiva.

Sin embargo, en la UEFA esto no pasa. Los partidos de competiciones europeas cuentan con un supervisor que se encarga de que estos chavales cumplan con su obligación con profesionalidad. De esta manera tan sencilla se evitan estas técnicas fraudulentas.

En España no existe ninguna reglamentación que regule esta labor, por eso suceden estas cosas. Las soluciones son dos: copiar el modelo europeo o subcontratar empresas ajenas al club que traigan sus propios y profesionales recogepelotas. Yo me decanto por la primera opción, los chavales no tienen la culpa. Una solución sencilla que, como tal, tardará aún años en llegar. Tipical Spanish.

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