jueves, 5 de diciembre de 2013

El dedo en el ojo: Ya lo decía Bob Marley

Hace años, el mítico cantante Bob Marley popularizó una canción que pasaría a la historia. Se trata de la famosa ‘no woman, no cry’. En el mundo del fútbol, las quejas, los lloros, son el pan nuestro de cada día. Esas protestas, que suelen ocupar muchos espacios de los medios deportivos bajo el nombre de ‘la polémica’, suelen ir dirigidas al árbitro, al clima, al estado del terreno de juego o, incluso, a la acústica del estadio en el que se disputa el partido. Pocas, muy pocas veces, esas quejas son autocríticas en las que se reconocen los errores propios.

En esta ocasión, la polémica de la jornada nace de las declaraciones del centrocampista del Barça Busquets. El catalán criticó la actuación del colegiado como forma de escurrir el bulto ante la derrota de su equipo en Bilbao. Lo peor es que ese mismo jugador, cuando venían bien dadas, se jactaba de que su club no hablaba de los árbitros. Esto pasa en todos los equipos, especialmente en los dos más mediáticos, Madrid y Barcelona, donde las protestas contra los árbitros y los cruces de acusaciones son algo cotidiano.

En el caso que nos ocupa, Busquets no se ha equivocado sólo con sus declaraciones, sino que ha metido la pata hasta el fondo porque es fácilmente comprobable lo que dijo anteriormente. Y es que presumir de no criticar a los árbitros puede tener consecuencias a largo plazo. El centrocampista culé suele soltarse la melena como un león en celo cada vez que su equipo pierde y ya es de sobra conocida su tendencia a quejarse y protestar culpando a todos y a todo de cada batacazo azulgrana. Si un día pierde y hay un sapo en el césped, la culpa es del sapo. Si pierde tras haber visto un gato negro, la culpa es del gato y siempre queda a mano recurrir a culpar al árbitro y su mala actuación. Por eso, a Busquets le merecería la pena escuchar la famosa canción de Bob Marley y que se aplique el cuento de ‘No woman, no cry’.

Pablo Incausa García

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