miércoles, 18 de diciembre de 2013

El dedo en el ojo: La caldera mágica de Osasuna

Sin duda, somos mayoría los que conocemos la poción mágica que otorga una fuerza descomunal a los habitantes de la última aldea de Armórica que sigue resistiendo a los romanos. El druida Panorámix era el encargado de elaborar el caldo que los galos tomaban antes de salir en tromba a golpear con sus propias manos a los legionarios que asaltaban su aldea. La estrategia era inexistente y todo se basaba en la fuerza bruta conferida por la pócima y en el terror que aquel puñado de aldeanos inspiraba a las tropas de Roma.

Algo así lleva sucediendo varios años con Osasuna y su estadio. El Sadar, pese a su reducida capacidad, se ha convertido en una caldera de efectos mágicos para el conjunto pamplonica. Osasuna no juega un fútbol brillante y siempre camina por el filo de la navaja, pero gracias al empuje de su afición logra salvar los muebles año tras año. Es más, su juego es rácano, normalmente basado en la rocosidad defensiva y la garra más que en la habilidad y el brillo. Pocos de los futbolistas que han pasado por el conjunto navarro en los últimos tiempos han destacado por su dominio de la pelota o por su belleza futbolística. Y sin embargo siguen resistiendo.

Cabe decir, que gran parte de la culpa de esa caldera mágica de El Sadar la tiene la cercanía de los aficionados al terreno de juego y su total entrega. Una entrega quizás excesiva, teniendo en cuenta los infinitos altercados y problemas en los que la afición osasunista ha estado involucrada en muchos de los campos de España. Y es que, al igual que los galos del cómic tenían su brebaje mágico, Osasuna tiene su caldera en el Sadar y una afición que, a base a veces de métodos algo desproporcionados, consigue meter el miedo en el cuerpo a los rivales. El resultado, pese a un fútbol poco o nada vistoso, es la permanencia del equipo en Primera.

Pablo Incausa García

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