martes, 26 de noviembre de 2013

El dedo en el ojo: La felicidad de la vida sencilla

A veces, en medio de las tensiones del día a día, viene bien llegar a casa y relajarse viendo o haciendo cosas que sabes que van a salir como te gustan. No hay riesgo. Como cuando abres tu cerveza, te sientas en el sofá y pones una película de Steven Seagal. No importa lo que suceda ni las vueltas que dé la historia, al final los malos van a cobrar, su paliza regalo de la casa está asegurada. Pero eso no es todo. Lo mejor es que, al no existir guión ni argumento alguno, no hace falta pensar ni atar cabos para comprender lo que sucede. ¡Todo ventajas!

La liga española cada vez se parece más a esto. Una goleada de cada uno de los tres equipos de cabeza, sin despeinarse, sin hacer un esfuerzo extra. Recuerdo aquellos años mozos en los que ponerse a ver un partido de fútbol, aún habiendo favoritos, tenía emoción y el resultado era algo incierto. No olvidemos que el Deportivo ganó su única liga con 69 puntos, algo impensable a día de hoy. Ahora un empate de uno de estos tres equipos que marcan el ritmo en un campo como Mestalla es considerado un pinchazo. Y en realidad, lo es, porque actualmente para Barcelona, Real Madrid y Atlético, no ganar es un fracaso.

Y así da gusto sentarse a ver el fútbol o verlo en un bar con los amiguetes tomando cañas. No hay discusiones, no hay polémicas ni celebraciones exaltadas, porque desde el principio se sabe que la victoria es segura y la única duda es saber cuántos goles le caerán al rival de turno. Puede que sea malo para el espectáculo, incluso se puede decir que se pierde la magia de no saber lo que pasará, pero la verdad es que se agradece la tranquilidad, la sencillez que aporta a la vida del aficionado futbolero. Porque ver partidos así hace que todo sea sosiego y paz.

Pablo Incausa García

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