viernes, 11 de octubre de 2013

El pecado de Arbeloa

Arbeloa es un tipo inteligente, coherente y que siempre va de cara. Alguien sincero que no se preocupa de mantener cercanía alguna con aquellos que no le corresponden o que podrían mejorar su imagen con respecto a la sociedad futbolística por la gran influencia que tienen en este deporte. Él es fiel a sus ideas, a sus principios y a uno de los valores del madridismo que parece haber sido enterrado o menospreciado por salir de la boca del técnico del mejor Madrid de la historia: "Madridismo es morir en el campo".  Arbeloa siempre ha sido así, con sus defectos y sus virtudes. Son muchos los que ahora insultan a este jugador, tanto por sus dotes futbolísticas como por sus declaraciones siempre hirientes pero verdaderas. La gran mayoría de estos ventajistas criticaban al Real Madrid por haber dejado marchar a Álvaro, un canterano que apuntaba maneras y triunfaba en el Liverpool hace ya más de cinco años. Esto es y será así, antimadridismo en estado puro.

En estos últimos meses Arbeloa se ha convertido en un arma arrojadiza con el objetivo de seguir atizando a José Mourinho. Las desmedidas críticas que sufre este jugador han sido triplicadas desde que, más que posicionarse a favor de su entrenador, habló alto y claro, haciendo un amplio balance de la situación, destacando el alto grado de egoísmo que tienen los futbolistas de hoy en día, y por supuesto, autocriticándose por la temporada pasada desde el primer momento. Todo esto no sentó bien. Arbeloa iba a contracorriente pero con la verdad por delante, se había puesto del lado de su antiguo entrenador, por el que dio todo y con el que vivió una relación profesional altamente gratificante.

Para la gran mayoría de personas influyentes en el mundo del fútbol esto no se podía consentir. Mourinho ya no estaba, habían conseguido acabar con él, pero con Arbeloa permanecería viva esa pequeña llama del mourinhismo, decir verdades como puños, mantener la realidad de que aquí manda el entrenador y nadie más, y hablar alto, claro  y con coherencia le pese a quién le pese. Llegaba el momento de intentar apagar esa llama, ese pequeño hilo que podía anteponerse a la hora de intentar influenciar en el club más prestigioso del mundo.

Así siguen sucediendo los acontecimientos, un madridista sometido a un juicio permanente por decir claramente cuáles son sus principios. Pero Álvaro tiene más apoyo del que algunos quieren vender, ejerce de capitán cuando el equipo lo necesita, deja a un lado el ego que muchos futbolistas tienen para hacer autocrítica cuando la situación no es buena, defiende a su equipo y a sus compañeros contra viendo y marea, muere en el campo como buen madridista que es, por esto y por mucho más Arbeloa siempre será 'Uno Di Noi'.

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