viernes, 27 de septiembre de 2013

El dedo en el ojo: Berrinche de crack

A los futbolistas, por regla general, no les gusta que el entrenador los sustituya. Parece que todavía se pueden hacer cosas en el partido, que aún se puede brillar más o, sencillamente, no se quiere ser el señalado como sobrante en el césped. En parte es comprensible. Pero lo lógico, por respeto, sería llevar esa molestia en silencio, como se decía en aquel anuncio sobre los sufridos pacientes de almorranas. Sonreír, aplaudir, animar a sus compañeros y potenciar el espíritu de equipo, aunque por dentro se lo estén comiendo los demonios.
Los cracks tienen tendencia a molestarse cuando se les sustituye y, no sólo, sino que acostumbran a hacer bien visible su malestar y a montar escenas propias de un parbulario, tirando botellas al suelo, pateando el banquillo o lanzando miradas que entremezclan el odio y el asco más extremo. Y eso fue lo que hizo Messi cuando el Tata le ordenó sentarse en el banco una vez que el partido estaba ya resuelto. Malos gestos y desplantes.
Se podría pensar que es un tema sin mayor importancia, que se le están buscando tres pies al gato o cosas similares. Nada más lejos de la realidad. Sinceramente, creo que en un deporte colectivo como es el fútbol, el respeto a los compañeros es fundamental. En ese banquillo, en el que tan molestos están los cracks, hay otras personas que también quieren salir al campo a jugar, que se preparan igual que todos y que luchan por poder estar vestidos de corto sobre el césped. ¿Qué puede pensar uno de ellos que, tras varias jornadas sin poner una bota en el campo, ve cómo Messi se ofende por perderse los últimos minutos de un encuentro cerrado?
Además, los genios del fútbol olvidan que, no hace tanto, ellos también eran unos completos desconocidos que se emocionaban al ser convocados y que disfrutaban en el banquillo, con los pelos como escarpias, esperando el momento de debutar. Por eso, por los que quedan fuera y forman parte del equipo, y por los que todavía tienen que demostrarlo todo, los cracks deberían ser menos egoístas y pensar en que los demás también son competitivos y también forman parte del escudo al que representan.


Pablo Incausa García


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