martes, 3 de septiembre de 2013

El dedo en el ojo: Cristiano me pone triste

Una vez más, como suele ser habitual en todas las temporadas, Cristiano empieza estando triste. A nadie le sorprendió el plantón del portugués al trofeo al mejor jugador europeo. Se han escuchado excusas de todo tipo, pero es evidente que Cristiano, más que mentalidad ganadora, tiene mentalidad de niño de ocho años. Cada vez que las cosas no salen como a él le gusta monta una pataleta. Bien harían los aficionados madridistas en llevar unas cuantas piruletas al Bernabéu para dárselas a su estrella cada vez que coge un berrinche.

La cosa siguió con su sequía en los dos primeros partidos de liga y una actuación un tanto pobre en el tercero. Por mucho que los diarios deportivos se empeñen en darle al portugués más relevancia de la que realmente tiene en muchos de los enfrentamientos, en las primeras jornadas Cristiano ha aportado poco. No ha brillado, pese al gol que le marcó al Athletic gracias a la colaboración de la defensa vasca, solidarizada con la tristeza del portugués y que, con gran generosidad, decidió hacer el papel de madre y regalarle un golito de cabeza al muchacho.

Cristiano protesta, corre, pone caras, hace gestos, muchos gestos, y está triste, tiene la misma cara que pone un niño al ver que, tras la cabalgata de reyes, lo que se encuentra envuelto es un pedazo de carbón. Y el chaval nos evidencia su pena cada jornada, dolido, convirtiendo su falta de humildad y sus envidias, producto sin duda de una personalidad repleta de complejos, en un drama nacional. Olvidaos de los problemas del mundo, ahora el tema que debe preocupar a la especie humana es el dolor insufrible de Ronaldo. Y parece que será peor ahora que deberá discutir con Bale sobre quién tira las faltas. Serán escenas similares a las que se ven en los patios de los colegios. Eso sí, aquí no estará el típico niño malote, repetidor y más grande que sus compañeros, que finiquita la discusión con un par de collejas.

Cristiano, pese a sus virtudes como atleta y como futbolista, pese a su éxito profesional, nunca parece satisfecho. Siempre está triste, siempre está desencantado. Antes me irritaba su prepotencia y falta de compañerismo o su incapacidad para celebrar goles de sus compañeros tras un fallo suyo. Ahora, simplemente, Cristiano me pone triste.


Pablo Incausa García

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