jueves, 22 de agosto de 2013

Once Simeones

Jugadores, entrenador y afición. Ésos son los tres entes que suelen vislumbrarse en un estadio de fútbol. Es usual que sus biorritmos no coincidan: la afición puede animar sin descanso a un equipo sin alma; el entrenador es capaz de arengar a unos jugadores indolentes y a una afición impasible; incluso un grupo de jugadores entregados es capaz de no convencer a su propio técnico y de no identificarse con el respetable. Pero nada de esto sucedió anoche en el Vicente Calderón. Entrenador, equipo y afición lucharon juntos sobre el pasto de la ribera del Manzanares.

Nunca un grupo de jugadores se identificó tanto con su técnico. El Cholo puso en liza al mejor equipo posible: salió al campo con once Simeones. Los había de todos los colores y de todas las nacionalidades: había un espigado Simeone belga, un luchador Simeone uruguayo, un molesto Simeone hispano-brasileño y hasta un Simeone asturiano. Todos ellos arropados por 55.000 Simeones que no dejaron de arengar durante todo el encuentro.

Empezó el Atleti presionando en la salida del balón blaugrana. Así llegaron las primeras imprecisiones de la defensa culé y los primeros balones en largo de Víctor Valdés. Poco a poco fue bajando el Atleti la intensidad de esa presión, retrasándose cuarenta metros para salir con rápidos contragolpes. Fruto de uno de esos contraataques llegó el primer gol del partido. Arda y Villa armaron una jugada que acabó con una volea perfecta del asturiano que puso el balón lejos del alcance de Valdés, que se estiró cuanto pudo. No podría haber escrito el Guaje un guion mejor para su primer partido: un golazo ante su ex equipo.

Tras el gol no cambió mucho el partido. El conjunto rojiblanco siguió esperando atrás, preparado para correr hacia delante tras un robo de balón. Diego Costa, una vez más, hizo un partido colosal. Simeone le colocó en la banda (para sorpresa del entrenador culé) con la premisa clara de incomodar y buscar a Jordi Alba, famoso por tener también una mecha bastante corta. Chocaron en cantidad de ocasiones, pero la cosa no pasó a mayores.

El F.C. Barcelona se hizo con el dominio del balón, pero no del partido. Sus inocentes llegadas al área apenas pudieron considerarse ocasiones. Tras el descanso salió el Barça con otro espíritu. Messi se quedó en el banquillo por unas molestias musculares y nada pudo venirle mejor a Gerardo Martino. La entrada de Cesc cambió el ataque culé. Ante la inoperancia de Messi y la apatía de Andrés Iniesta, Fábregas logró asociarse bien con Alves y Alexis y comenzaron a llegar las primeras ocasiones de peligro real.

Pero en el minuto 64 llegó la jugada que pudo cambiar el sino de la eliminatoria. Sergio Busquets cortó con falta una contra de Villa y Undiano no se atrevió a sacarle la segunda tarjeta amarilla. Hasta seis Simeones encolerizados increparon al colegiado navarro.

Neymar entró por Pedro con media hora por delante y el cambio coincidió con el previsible bajón físico del Atlético. Siete minutos después de su aparición sobre el césped comenzó a justificar parte de su millonario fichaje. Alves centró al segundo palo y allí apareció su compatriota, que le ganó la partida a Juanfran y remató de cabeza para hacer el empate. Ya no volvería a moverse el marcador hasta el final. Hubo varias ocasiones por parte de ambos equipos y tuvo sus minutos Óliver Torres. El joven centrocampista extremeño se mostró algo inseguro y, quizá, acomplejado. Le faltó atrevimiento, aunque parece lógico, dada la envergadura del partido y, sobre todo, del rival.

Con el 1-1 todo quedó abierto para el partido de vuelta dentro de una semana en el Camp Nou. Ahí deberán aparecer Messi, Iniesta y Xavi, que anoche ni se parecieron a esos jugadores que en 2010 coparon el podio del fútbol mundial. Aunque, pensándolo bien, quizá ellos no tengan culpa; si era incómodo enfrentarse a un Simeone, no puedo ni imaginarme lo que es hacerlo contra once…

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