martes, 27 de agosto de 2013

El dedo en el ojo: Sin Messi, un equipo ramplón

El Barça jugó en Málaga un partido de pretemporada, uno de esos que sólo ves cuando, muerto de aburrimiento en una de esas noches de calor de agosto en las que no se puede dormir, te pones a ver un poco el fútbol para coger sueño. Sin Messi, con Neymar llenándose el culo de callos en el banquillo y un Málaga que parece haberse olvidado de jugar al fútbol, el Barça fue tan predecible como un capítulo del Ranger de Texas. Xavi e Iniesta ya no sorprenden a nadie. Tienen calidad de sobra, pero siguen el mismo esquema una vez y otra, sin variar nunca pese a las distintas condiciones. Yo, sinceramente, no me imagino a un triatleta metiéndose a nadar montado en la bicicleta. Ni corriendo con aletas y gafas de buzo. Pero en el Barça se sigue de frente, sin cambios, pase lo que pase. La obsesión culé de meterse dentro de la portería con la pelota llega a convertirse en algo tan delirante que nadie es capaz de pensar en chutar desde fuera. Sólo Adriano lo hace, con buenos resultados, por cierto. Sólo faltaba que se enfadaran con él por haber tirado a puerta desde fuera del área. La filosofía culé dice que a puerta debe tirarse desde una distancia máxima de tres metros de la línea de gol.

Y qué decir del Málaga. Ha sufrido un saqueo de piezas importantes de la plantilla, pero el descenso en su nivel de juego ha sido aterrador. Antes practicaban un juego alegre y con capacidad de gol. Ahora parece bastarles con echar el cerrojo y esperar a que las peras se caigan del árbol por sí solas y vayan andando hasta casa para meterse en la cesta. Además, en la única jugada en la que Willy Caballero tenía que estar un poco atento, decidió hacerse pasar por un florero. El símil sería más acertado si el portero tuviera un poco de pelo a modo de flores para cubrirle esa brillante calva. El caso es que se comió con patatas un balón bien colocado pero desde luego no tanto como para colarse. Al final, una paradita de Valdés para que no se diga que no hubo emoción y todos a casa felices y contentos.

Pablo Incausa García

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