viernes, 7 de junio de 2013

¿Y por qué no pagar la cláusula de Thiago?

Cristiano Ronaldo aspira a conseguir el 100% de sus derechos de imagen. En el traspaso de Neymar ha participado un fondo de inversión. Falcao se va al Mónaco al abrigo de los euros de Rybolovlev. Eto’o es el futbolista mejor pagado del mundo jugando en una liga de medio pelo. Conceptos como “concurso de acreedores” o “suspensión de pagos” ya no nos son tan ajenos como lo eran hace unos años. Porque hace tiempo que el fútbol dejó de ser un juego para convertirse en una actividad comercial, dejando al balón como último vestigio de lo que un día fue nada más que un deporte.

En un mundo en el que todo se reduce a números, a balances económicos y a variables de rentabilidad, llama la atención el respeto a ciertos códigos de conducta propios de otra época, como las cláusulas de rescisión. Estas condiciones de los contratos se instauraron para salvaguardar los intereses de los clubes propietarios de los futbolistas y también son una llave para que los jugadores rompan sus contratos de manera unilateral. Basta con depositar en la LFP una cantidad ingente de dinero, muy por encima del valor del futbolista, para quedar liberado del compromiso contractual. Un ejercicio de pragmatismo con el que todos ganan y que todos los protagonistas aceptan como parte de este juego.

Sin embargo, muchos consideran el pago de estas cláusulas como un acto hostil. Existen códigos no escritos de respeto entre caballeros por los que no se ve con buenos ojos que a uno le roben a uno de sus futbolistas de la manera más legal posible, algo que contrasta con los tiempos que atraviesa el mundo del balompié. Florentino Pérez pagó la cláusula de Figo en el 2000 y desde Barcelona se vio como una afrenta, en lugar de coger el dinero y asumir las reglas del juego. Sin embargo, en Alemania todo esto se lleva con mayor naturalidad. El Bayern puso sus ojos el pasado verano en Javi Martínez y pagó sus 40 millones de cláusula; este año se ha interesado en Mario Götze y ha hecho lo mismo (37 millones).

Por eso cuando a un club le interesa un jugador, y a ese jugador le interesa jugar en ese club, lo único que les separa es una buena cantidad de millones. Si en este caso nos referimos al Real Madrid, el dinero deja de ser un inconveniente. Thiago Alcántara no atraviesa su mejor momento en Barcelona. En una línea medular superpoblada, su proyección se ve enmarañada. A sus veintidós años necesita jugar y en el Madrid podría ser un jugador importante ya que su competencia se vería reducida al mínimo. En Madrid adolecen de un mediocentro como Thiago. Junto a Xabi Alonso podría formar una pareja de mediocentros que no tendría mucho que envidiar a la del F. C. Barcelona. Thiago aún no es Xavi, pero tiene condiciones para serlo. Tiene que madurar mucho y encontrar el balance perfecto entre su técnica infinita y el fútbol práctico, liberándose de ciertas frivolidades que le hacen perder gran cantidad de balones.

Pero hasta aquí todo ha sido soñar. Cuesta creer que el hispano brasileño se decida a dar el paso, ya que el revuelo mediático sería colosal. La buena noticia para el club blanco es que actualmente su cláusula es de sólo dieciocho millones de euros y seguirá siendo así hasta el inicio de la próxima temporada. A su favor juega el hecho de que la llegada de Neymar podría hacer que el mediocentro perdiese su dorsal, algo que sin duda se tomaría como una ofensa. Su futuro no está claro en Barcelona y este verano va a ser muy largo. Florentino prometió un día españolizar al Real Madrid y qué mejor manera de hacerlo que comenzando una nueva era como ya lo hiciera hace trece años: quitándole un jugador al Barça y dando pie a la última época gloriosa del club de Chamartín.

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