jueves, 11 de abril de 2013

Platini, de héroe a villano

Esther Pizarro. Es curioso cómo el género humano necesita focalizar las frustraciones en un objetivo. Las penas que te permiten descargar la rabia sobre la cabeza de alguien, no sé si son menos penas, pero al menos, te dan la posibilidad de desahogarte. La polémica eliminación del Málaga en los cuartos de final de la Champions es uno de esos momentos en los que hay que buscar un blanco. Apuntar todos los dardos hacia el árbitro… demasiado poco para una masa enfurecida. Hay que dar un paso más. Subir un escalón. Meta localizada: Platini.
Un hombre con una trayectoria futbolística envidiable, un ‘casi’ héroe nacional en Francia que ha logrado la ‘casi’ unanimidad en nuestro país: un odio completo. En los ochenta, cuando era el pulmón, el alma y el corazón de la selección francesa, pocos podían pensar (al menos yo no desde la distancia) que Platini pudiera pasar tan drásticamente de héroe a villano.
El héroe. Un niño del que dicen que jugaba al fútbol con su perro y usaba la puerta del garaje como portería. Un niño al que le enseñaron a ser disciplinado en el deporte desde sus comienzos. Tesón, perseverancia, trabajo y esfuerzo que le condujeron a poner la clase, la calidad y el cerebro allá donde jugara.
Comenzó su andadura como futbolista profesional en el Nancy y sin entrar en analizar una progresión para enmarcar, es imposible no destacar sus tres Balones de Oro consecutivos (1983, 1984 y 1985) y su envidiable palmarés tanto con el Saint Etienne como con la Juventus. “Primero jugué en el mejor club de Lorena, después en el mejor club de Francia y, por último, en el mejor club del mundo”, le gusta decir. A ello, hay que sumar sus más de 70 convocatorias con la selección francesa con participación incluida en tres Mundiales (Argentina, España y México), aunque sin títulos. Una brillante carrera manchada por las lesiones y los problemas físicos. En solo dos años pasó de jugar un Mundial a dirigir al combinado nacional. Y desde el banquillo ya no logró brillar como solía.
Michel Platini cambió pronto las botas por los zapatos. Los pantalones cortos por el traje. Y su capacidad de hacer vibrar de alegría a un país por la de hacer vibrar de rabia al nuestro. Se convirtió en 2007, tras su paso por la organización del Mundial’98, la Federación Francesa y la FIFA, en el presidente de la UEFA: “para devolverle al fútbol un poco de lo que me ha dado”.
El villano. A lo mejor todo comenzó en la Eurocopa del 84 con el gol a Arconada. O quizás sea por esa relación amor/odio que nos une con el país vecino. Es posible también que sea porque tiende a favorecer de un modo casero a aquello que tiene acento francés o está bañado en oro. Se me ocurre que pueda haber algo de una confusa sanción al Atlético de Madrid con un partido a puerta cerrada ante el Olympique de Marsella. Quizás sea porque realmente es dudoso que un equipo al que has intentado apartar de Europa durante varios años, caiga eliminado con un gol en fuera de juego en el descuento de unos cuartos de final de la “ilustrísima UEFA Champions League”. Quizás sea por todo. Quizás por nada. Lo cierto es que la polémica en torno a su figura nunca cesa.
Desde el jeque Al-Thani (“Esto no es fútbol, es racismo”) hasta Joaquín (Sospechamos de Platini y de todos los que están ahí, porque somos el Málaga y no el Madrid”), pasando por su técnico, Manuel Pellegrini (“No pudimos, o no quisieron que pasáramos”), el Málaga está furioso. Y con esa condición de equipo menos galáctico capaz de superarse a sí mismo, ha hecho que España esté furiosa. Van a presentar una queja oficial ante la UEFA por el arbitraje. Una línea más de esta truculenta historia de héroes y villanos.

Esther Pizarro Muñoz (Periodista RTVE)

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