jueves, 11 de abril de 2013

Los sueños del 16º

Manu Tomillo, Paris. Llueve en París, la primavera aún está tímida, como esa chica que te mira en el metro, te sonríe y se baja en la siguiente parada. No hay nada que hacer con el tiempo aquí. La ciudad llevaba varios días alterada, fuera de su normal ajetreo por un deporte que aquí no ha calado demasiado. El Paris Saint-Germain había conseguido la hazaña de empatar a dos ante el todopoderoso Barça. Pero por estas calles la gente el jueves se preguntará si aquello no fue más que otra mentira en los periódicos.

Una hora antes del partido frente al F.C. Barcelona en el Camp Nou, las calles cercanas al Parc des Princes se dividían entre los aficionados al equipo y los que el foot no es más que un juego de proletarios. Te ensucias demasiado las manos. El PSG juega en el distrito 16º y, amigo, en París todo el mundo sabe que el 16º es el barrio pijo por excelencia. Aquí nada de exteriorizar, empatizar o mostar que eres humano, sólo si lo haces desde dentro de tu Porsche, eso sí. Mientras algunos aficionados se amontonaban en las terrazas de los bares más cercanos al estadio, 12 euros una cerveza, los más jóvenes llenaban los bolsillos de sus viejos y rotos abrigos en la tienda más cercana de packs de cervezas, patatas y de “oye por favor cómprame esa botella de wiskhy que soy menor”. Estos son en su mayoría hijos de inmigrantes, pero cualquiera diría que son capaces de dejarse la vida por su PSG, al menos eso dice desafiante Alex con su vieja camiseta de Pauleta.

El PSG no se siente en el 16º, en el 16º se pasea. Para dejarse los puños, insultar y dar empujones en los bares están el 17º, 18º o incluso el 19º. Son las dos realidades de la afición del PSG en París, ricos y pobres, blancos y negros, la vida misma dentro de un campo de fútbol.

A eso de las 20,45 los seguidores del PSG se frotaban las manos, “no juega Messi, tenemos oportunidades” decía el locutor de la televisión francesa a la vez que las pupilas de los aficionados en los bares se iban abriendo. ¿Podrá nuestro equipo ganar al Barcelona? En la barra nadie duda, “¡seguro!”, de fondo un tipo mal afeitado pero con un inconfundible reloj más caro que lo que ganaré en un año, me pregunta que por qué hablan en catalán. Discusiones de política en un partido de fútbol, otro clásico. Los minutos pasan y el PSG incluso tiene buenas ocasiones de ponerse adelante en el marcador, unos jóvenes con dinero apuran su tercera copa de vino tinto mientras lamentan una ocasión clara de Ibra. Para ser fan del PSG en el 16º hay que tener clase hasta para saber qué beber mientras ves el partido. Descanso.

Fuera continúa lloviendo, día de perros, y parece que la ciudad no se ha detenido, aunque sea el partido más importante en años, “18 temporadas sin ganar un título” me dice Stéphane mientras saborea su porción de pizza de nouvelle cuisine. Tal vez el sentimiento por un club se mida por títulos, pero entonces nada tendría sentido en la locura del deporte. No importa el tiempo que pase, lo importante es saber aguantar con la ilusión del primer día, como en el amor. O eso dicen los que lo disfrutan.

Y se puso por delante el PSG, gritos, alegría, sonrisas. Un minuto, poco más. Ah y otra copa de vino tinto por favor. Y empató el Barça, en París todos dicen que es por Messi, amo y señor del fútbol, que sin él, el equipo de Tito no es nadie. Tal vez sea así, lo cierto es que el deporte es pasión, como el amor, como el comer y el beber bien, como ese concierto que esperas con ansía para poder escuchar en directo las canciones que han hecho de agencia de viajes en tu cabeza. Y en París, si les dan a elegir, creo que no eligen correr tras un balón. Para qué soñar con el fútbol, eso es aspirar a demasiado poco para vivir en el 16º.

Manu Tomillo

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