miércoles, 24 de abril de 2013

La matanza de Múnich

Hoy es el día en el que todo aficionado blaugrana se ha levantado y ha pedido a su persona más cercana un pellizco, un golpe que le despierte de lo que ellos aún creen que es la peor de las pesadillas futbolísticas. Sin embargo, tras varios minutos de flagelo, una vez superada la incredulidad, habrán de curar y desinfectar la tremenda herida abierta por el Bayern Múnich en la noche de ayer (4-0).
La capital del Estado de Baviera puede haber sido la tumba de un equipo mágico e irrepetible, al igual que ya lo fuera Atenas para el ‘Dream Team’ de Cruyff en 1994. Es difícil aventurar el temido fin de ciclo, sobre todo si tenemos en cuenta que el Barça aún cuenta en sus filas con una bestia insaciable que se apellida Messi que no querrá acabar con este borrón su borrachera de éxitos. No obstante, son sensaciones. “Cuestión de feeling”, que diría el mejor comandante que jamás liderara este plantel, Pep Guardiola. La manera de capitular es imperdonable: ningún disparo entre los tres palos en todo el partido.
No es casualidad acordarse del ex técnico azulgrana después de la debacle vivida ayer en Múnich. Y más sin un portavoz que no se cansa de meter la pata entra a comparar entrenadores hace unos días. Supongo que Toni Freixa no repetiría hoy eso de que Tito Vilanova ha ganado en todas las comparaciones con Guardiola. Más que nada, porque si lo repite lo mínimo que cualquier socio culé haría en ese momento sería obligarle a dimitir irrevocablemente.
Vilanova no supo cómo actuar. Se vio aplastado por un enfrentamiento gigante, en el que su valentía se quedó en el mismo asiento desde el que Tello observó, seguramente hundido moralmente, un partido que se merecía jugar. Querer aumentar el valor de Alexis en el mercado dándole minutos es correcto, pero no en una semifinal de Champions League. El mismísimo Villa, único cambio del míster culé, disputó apenas siete minutos más el descuento. Mención especial merece el caso Bartra, último en la rotación de centrales durante todo el año, y titular en el encuentro más decisivo de la temporada. Eso es confianza de entrenador...
No obstante, no se puede responsabilizar a una única persona por el mal partido de ayer. La falta de carácter de Vilanova también estuvo representada de manera colectiva sobre el verde. El ritmo anodino, la dejadez y el bombeo de horchata en lugar de sangre por parte de los corazones de los jugadores blaugranas se tradujeron en una nula capacidad de reacción. El equipo menos intenso de Europa contra un rodillo.
Cuenta la leyenda que los jugadores del Bayern continúan en el Allianz Arena. Incansables. Robando balones y luchando contra cualquier elemento extraño que pise su césped. Los de Heynckes mostraron ayer una fuerza incontenible, que no sólo asombró a la Europa futbolística, sino que atemorizó a los otros dos conjuntos que disputan la otra semifinal de Champions.
¿Y ahora qué? Se preguntarán muchos observando que aún quedan 90 minutos de eliminatoria. Si bien parece casi imposible una remontada (ya que el Barça nunca lo ha hecho), únicamente por salvar el honor y hacerse digno portador de llevar esa camiseta, hay que intentarlo. Los registros goleadores del conjunto catalán son excelentes, una mala noche la tiene cualquiera, incluso el Bayern y el fútbol es tan mágico como imprevisible. Mayor motivación que la humillación sufrida anoche no existe, ni tampoco aditivos como las portadas y comentarios que habrán de soportar los futbolistas del FC Barcelona durante los próximos días. Como bien han demostrado durante años, recursos futbolísticos hay de sobra.

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