martes, 16 de abril de 2013

Jornada 31: Lo políticamente correcto nos vuelve locos

Una palabra más alta que otra, una frase a destiempo, una opinión algo distinta de la que debe tener una buena persona y ya tenemos el lío. Una polémica que llena páginas de periódicos y vídeos en las noticias. Comentaristas lanzando duras críticas contra el que osó salirse de la norma marcada y no ser tan políticamente correcto. En esta ocasión, el objeto de los dardos envenenados es Pepe Mel, el entrenador del Betis. El bueno de Mel no pudo reprimir la euforia cuando su equipo levantó un 0-3 en contra frente al Sevilla, el gran rival. En ese momento de éxtasis, sacó un dedito dirigido a nadie sabe dónde y las cámaras capturaron el gesto. No es, desde luego, un gesto acertado ni la actitud más deseable para una persona, en especial para alguien que se dedica a un deporte seguido por millones de personas y que debería defender otros valores. De acuerdo. Pero tampoco nos llevemos las manos a la cabeza como si ahora Pepe Mel fuera un cruce entre Hannibal Lecter y la niña del exorcista. En cualquier partido se escuchan y ven peores cosas cada vez que uno mira a sus compañeros de grada. Y, seamos sinceros, todos hemos sacado a pasear ese dedito, ya sea de broma o para provocar a alguien. En este histérico mundo de lo políticamente correcto, todo se mira con lupa y todo se exagera. No es este el lugar para extenderse sobre el tema, pero desde luego no creo que los niños que hayan visto el gesto de Pepe Mel se conviertan en los próximos Hitlers. Relajemos un poco las formas. Dejemos que, en un momento de euforia tras 90 minutos de tensión, nervios y una grada lanzando toda clase de gritos, uno pueda olvidarse por un segundo de las cámaras y asomar un poco un dedo.


Pablo Incausa García

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