lunes, 8 de abril de 2013

Jornada 30: Lamentable Zaragoza

Cuando se practica un deporte, hay que ser consciente de que se puede perder. Los aficionados también lo asumen y, salvo los más radicales, lo entienden. Incluso se puede justificar una derrota, pero siempre que los jugadores se esfuercen y suden la camiseta. No es eso lo que lleva haciendo el Real Zaragoza en los últimos encuentros. Sus derrotas se deben a la falta total de actitud y eso no puede permitirse. Dejando de lado la nefasta y criminal gestión de Agapito Iglesias, que en seis años ha destrozado a un equipo que había ganado una Copa y jugado otra final derrotando a grandes equipos por el camino, el Real Zaragoza es actualmente un cadáver putrefacto que necesita que alguien lo cubra de tierra para disimular su olor. La imagen del club está tan contaminada que llueven críticas de todo tipo desde los cuatro puntos de la geografía española. Pero, además, los jugadores muestran una desidia impropia de un equipo de primera división, impropia de un conjunto que lucha por la permanencia. En el enfrentamiento de Riazor, se vio a un equipo que se dejó el alma y a otro que pasó por el campo con más pena que gloria, con deshechos futbolísticos como Romaric o Edu Oriol arrastrando las botas como si fueran de hormigón. Está claro quién ganó, los que se esforzaron por lograrlo, que fue el Depor. La vergüenza que semana tras semana y año tras año sufren los aficionados blanquillos hace que muchos ya deserten y dejen de acudir al estadio a ver a un conjunto convertido en una vulgar caricatura de lo que fue hace no mucho. Zaragoza, una de las ciudades más importantes de España, merece un Real Zaragoza que vuelva a ser lo que un día fue y no el atentado al fútbol y a la dignidad de la ciudad y de sus aficionados que actualmente representan los que ensucian una camiseta y los que dirigen el club y vomitan sobre su escudo.

Pablo Incausa García

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