jueves, 25 de abril de 2013

Guardiola sufre con el éxito del Bayern

¿Es (o ha sido) Alex Ferguson el mejor entrenador del planeta? Difícil averiguarlo. Lo que sí sabemos es que ha convertido a un equipo de nivel medio hasta 1986 en el dominador de Inglaterra durante los últimos veintisiete años. El United ha ganado doce de sus veinte títulos de Liga con el escocés en el banquillo, además de haber logrado dos de las tres Champions que tiene en su haber el club, desbancando al Liverpool del trono británico. En total, Ferguson ha conquistado el 57% de los títulos del United en apenas veintiséis de los 135 años de historia de la institución. Sin embargo, la leyenda de Sir Alex comenzó a forjarse al norte del Reino Unido, lejos de la ciudad deportiva de Carrington. En la pequeña ciudad escocesa de Paisley entrenó al Saint Mirren, al que hizo campeón de la Primera División (equivalente a la Segunda División española) en 1977 y logró el ascenso. Tras esto tomó las riendas del Aberdeen, un club de la Premier League escocesa (equivalente a la Primera División española) con el que logró tres de los cuatro títulos de liga que ha logrado el club en sus 110 años de historia, además de otros títulos de Copa y Copa de la Liga. Evidentemente, no es Ferguson el único responsable de estos logros, pero sí que ha demostrado que es capaz de ganar en dispares coyunturas, algo que aún no ha hecho Josep Guardiola.

En 2011 se contaban por decenas los opinadores (entre los que me incluyo) que sostenían que aún no se podía juzgar a Josep Guardiola como el mejor entrenador del mundo. Los títulos logrados durante sus años como técnico en el F.C. Barcelona demostraron que Pep, sin duda, era el comandante idóneo para manejar aquella nave, pero no por ello el catalán había de ser el mejor en su parcela. ¿Quién no recuerda la foto de Terry Venables como técnico del Barça celebrando la remontada ante el Göteborg en 1986 junto a un imberbe Guardiola que hacía las veces de recogepelotas?

Y es que Guardiola pasó por todos los estamentos deportivos en Can Barça: se formó en las categorías inferiores, fue recogepelotas, pasó a ser jugador, empuñó la batuta del Dream Team de Johan Cruyff, se hizo capitán, como entrenador posteriormente dirigió al filial y finalmente se puso a los mandos del primer equipo. Todo eso durante veintiocho años. En ese tiempo pudo empaparse de la filosofía Barça, aprender los Valors y conocer el club mejor que su propia casa.

En su haber está el hecho de haber saneado a un equipo que lo había ganado todo pero que adolecía de hambre y de interés por seguir haciendo historia. Deco o Ronaldinho no entraban en sus planes. Acertó y es de justicia reconocérselo, pues en aquella época eran dos de los mejores jugadores del mundo. Aquel Barça de Frank Rijkaard fue podado para que volvieran a aflorar los brotes verdes. Esos mismos tienen nombres propios: Pedro Rodríguez, Sergio Busquets, Gerard Piqué o Cristian Tello. Además, el de Santpedor supo impregnar en su equipo su personalidad. Ver jugar a ese Barça era ver a Pep Guardiola sobre el césped. Ganó la posesión en todos los partidos y nos convenció de que ganar no lo era todo en el fútbol.

Sin embargo, conviene relativizar los méritos del entrenador en todo lo conseguido con el F.C. Barcelona. La influencia de un técnico en su equipo es variable dependiendo de los jugadores que tenga a su disposición. Un mismo planteamiento táctico puede fallar si no se cuenta con los jugadores adecuados para desarrollarlo. En su etapa blaugrana, Guardiola tuvo a los mejores jugadores posibles para desarrollar su idea de fútbol. Tener a Xavi, Iniesta o Busquets a las órdenes de uno hace que la labor de mantener la posesión del balón sea cosa de niños. Si a eso le añadimos al mejor jugador de todos los tiempos, la dificultad disminuye de manera considerable. En los últimos meses se ha demostrado que sin Messi el Barça sufre mucho para sacar adelante los partidos. No obstante, ganar los tres títulos en su primer año como entrenador en la élite (nos abstendremos de considerar supercopas y mundiales de clubes como títulos en su más amplio sentido) tiene un mérito inmenso y eso nadie podrá negárselo, pero no alcanza como para ser considerado el mejor técnico del mundo.

Por ese motivo ansiábamos ciertas piedras en el camino de Josep para deshacernos en elogios hacia su figura. Para ser considerado el mejor tenía que entrenar a otros equipos, cada uno con sus circunstancias y carencias particulares. En definitiva: asumir ciertos riesgos. Algo parecido a lo que ha hecho hasta ahora José Mourinho. Él sí puede ser considerado mejor entrenador del mundo. El portugués llevó al Oporto a lo más alto de Europa en 2004; ganó la Premier League con el Chelsea en 2005, 50 años después; consiguió la Champions con el Inter en 2010 tras atravesar el equipo italiano un periodo de 45 años sin hacerlo; y finalmente logró la Copa del Rey con el Real Madrid, que llevaba 18 años sin hacerlo. Es verdad que, a excepción del Oporto, Mourinho ha tenido a sus órdenes equipos muy potentes con jugadores de talla mundial, pero lo cierto es que la historia está llena de grandes equipos que no han sido capaces de lograr sus objetivos, como el Real Madrid de la Quinta del Buitre que no logró la Copa de Europa o por ejemplo el Spanish Liverpool que no fue capaz de reconquistar la Premier League.

Retos similares a los de The Special One serían, por ejemplo, el mencionado de reconquistar la Premier League con el Liverpool (lleva 23 años sin ganarla), ganar la Liga con el Atlético de Madrid (17 años después) o llevar por fin al Arsenal al más prestigioso trono europeo. Desafíos todos exigentes pero no inalcanzables. La consecución de alguna de estas propuestas valdría para comenzar a considerar al técnico español como uno de los referentes en la historia futbolística.

Cuando en enero se hizo público el fichaje de Guardiola por el Bayern de Múnich muchos creímos que ese momento había llegado. Entrenaría a un equipo que poco tiene que ver con el F.C. Barcelona y en el que intentaría implantar su filosofía de juego. Tenía ante sí un verdadero reto: cambiar la idiosincrasia balompédica de un club. Pero según han transcurrido los meses, ese Bayern ha ido aumentando su potencial. Ha reconquistado la Bundesliga con seis jornadas de adelanto (aventaja al Dortmund, actual campeón, en veinte puntos) y está clasificado para la final de la Copa alemana. Un hipotético triplete muniqués (además de la Supercopa Alemana de 2012) dejaría el listón demasiado alto para afrontar la temporada 2013/2014. Casi con total seguridad sería imposible igualar este año pletórico.

Teóricamente, el enfrentamiento Bayern-Barça de Champions planteaba un dilema a Pep Guardiola: “¿a quién animaré?”, “¿vibraré con el equipo de mi corazón o en cambio apoyaré al club que me ayudará a pagar mis recibos a partir del próximo verano?”. La respuesta era evidente: Guardiola desea la clasificación del club catalán. Detrás de ello se esconde el motivo más elemental: el corazón (o seny), pero también existe una motivación algo más pragmática y egoísta. Como se ha comentado, todos los títulos del Bayern esta temporada no harán más que complicar la tarea del catalán en el próximo curso. Por ello, a Guardiola le conviene coger un buen equipo que no haya terminado de lograr los objetivos. Una hipotética victoria del Bayern en la final de Wembley haría que la presencia de Guardiola fuese menos necesaria que si no se logra la Champions. En este sentido se manifestó Gary Lineker, ex delantero inglés del F.C. Barcelona, que no ve necesaria la llegada del catalán al Bayern de Múnich, tras la exhibición del pasado martes.

El equipo alemán cuenta actualmente con un superequipo. Lo visto en el Allianz Arena en la ida de las semifinales de Champions ante el Barça demostró que es un equipo hecho al que no le hace falta prácticamente nada. El poderío físico es asombroso, todos tienen claros los conceptos tácticos y su juventud es insultante (ningún jugador del equipo titular supera los 30 años de edad). Por tanto parece insuficiente la cota de exigencia que esto supondrá para Guardiola. Sería difícil no hacer un papel digno con ese equipo tan potente y, probablemente, tan laureado. Es más, serán muchos los que relativizarán el mérito del preparador si fuese capaz de mantener la trayectoria ganadora del equipo: “Con ese equipo gano hasta yo”, dirán muchos.

Pero por si nos parecía insuficiente la categoría de esa plantilla, en los últimos días se ha hecho pública la primera incorporación para el Pep Bayern: Mario Götze. Además es probable que Robert Lewandowski (que le marcó cuatro goles ayer al Real Madrid) tome el mismo camino. Las dos estrellas del Dortmund aterrizarían en Múnich para atemorizar al continente europeo, uniéndose a un grupo de jugadores que tienen por delante la tarea de marcar una época, como ya lo hicieran el Real Madrid de los cincuenta, el Milan de Sacchi en los ochenta o el Dream Team de 1992, del que Guardiola formó parte. A buen seguro serán más los nombres que se unan a estos dos jugadores y parece difícil pensar quiénes serán los elegidos para abandonar el club: Claudio Pizarro o Van Buyten por la edad podrían tener bastantes papeletas. Otros como Alaba pueden no encajar a priori en el esquema de Pep, pero tendremos que esperar a ver por dónde respira el técnico.

Por tanto, si se diese el triplete, Guardiola tendría muy poco que ganar y todo que perder con el Bayern de Múnich. La única vía para conseguir un reconocimiento unánime sería hacer que el conjunto bávaro llegase a jugar como su Barça. Si bien el nivel del Bayern es equiparable al de aquel equipo azulgrana, el estilo es claramente distinto. La presencia de Robben o Ribery en las bandas o la de Muller o Mario Gómez en la delantera otorgan unas características distintas de la filosofía guardioliana. El aspecto físico quedaba en un segundo plano para dar protagonismo a la técnica con Xavi o Iniesta, pero este Bayern, si bien es notable a en el apartado técnico, basa el potencial de su fútbol en una sobrecogedora superioridad física. Invertir esa tendencia sería la mayor victoria para Guardiola, el puñetazo en la mesa que necesita para convencernos a todos de que es el mejor.

Y es probable que lo sea, pero como la mujer del César, que no sólo ha de ser honesta sino que además debe parecerlo, Guardiola debe demostrarlo. El principal escollo que va a encontrar a su llegada a Alemania será la inmaculada trayectoria de este Bayern. Quizá no contaba con eso al firmar su contrato, pero ya es demasiado tarde para echarse atrás.

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