sábado, 9 de marzo de 2013

San Mamés no tendrá la despedida que merece

Vender el producto. Es lo que nos diferencia de otras ligas de fútbol y de diferentes competiciones que nada tienen que ver con el balompié en sentido negativo. La improvisación a la hora de planificar la Copa del Rey desemboca cada año en un caos organizativo que suscita un debate casi instantáneo cuando se conocen los nombres de los dos finalistas de cada edición.
El resultado no es otro que el deslucimiento de un partido que debería ser considerado como uno de los más bonitos del año (y más en esta edición, debido a la rivalidad de ambos contendientes). La larga espera de las aficiones desde que se clasifican para la final hasta que se disputa la misma es eterna: el 28 de febrero quedó determinada la final y hasta el 17 de mayo no se jugará el encuentro (¡casi 3 meses!).
Finalmente, el escenario en el que Real Madrid y Atleti se medirán será el Santiago Bernabéu. La designación de cualquier otro estadio que no estuviese en la Comunidad de Madrid hubiese sido ilógica a estas alturas. La torpeza de no planificar un torneo con tiempo suficiente. Si así hubiera sido, este año la finalísima de la Copa del Rey tenía un escenario claro: a final de temporada desaparecerá San Mamés, recinto futbolístico mítico donde los haya. En pie desde hace 100 años, es el único estadio que ha visto todas las ediciones de la Liga. Sus cimientos serán historia al término de la presente temporada, pero nadie en la Real Federación Española de Fútbol ha sido lo suficientemente avispado como para darle una despedida a la altura de su grandeza.
Es indignante el poco cuidado del fútbol que en ocasiones tienen los organismos que se encargan de gestionar las distintas competiciones deportivas. Era tan fácil emocionar a los muchos aficionados al deporte rey que habitan nuestro país con la dedicación del día de la final de la Copa del Rey a San Mamés, que los máximos dirigentes de la RFEF, empezando por Ángel María Villar, deberían dimitir en bloque e irrevocablemente.
San Mamés quedará reducido al silencio en meses. Un silencio que debería verse honrado por una gran fiesta del fútbol a nivel nacional, posibilidad que se esfumó en el momento en el que no se fijó el escenario de la final antes de que comenzase la presente edición del torneo del KO. Un símbolo del patrimonio futbolístico nacional huérfano de homenaje, el segundo estadio que más trofeos de este torneo ha albergado en sus vitrinas no acogerá la despedida que merece. Triste, injusto, indigno.

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