jueves, 7 de marzo de 2013

Mucha Champions para tan poco Valencia

Lucha, ganas, verticalidad sí. Juego poco. Equipo menos. El Valencia cayó anoche ante el PSG en la vuelta de los octavos de final de la Champions. Los de Valverde ofrecieron una buena imagen durante casi todo el partido, pero se vio que al conjunto ché le falta plantilla para poder afrontar encuentros de este nivel. Con el 0-1 en el marcador ni tan siquiera dio la sensación de inquietar al conjunto francés.
  
No se le puede pedir más. Los valencianistas deben volver a casa con la sensación de haber llegado hasta donde pueden llegar. Ni más, ni menos. Siendo un club que año tras año se desquebraja al vender a sus mejores jugadores, a aquellos que destacan y lideran el juego del equipo, el límite en Europa es este. En su día los Mendieta o Claudio López o más recientes en el tiempo: Villa, Silva o Mata. Cuando la disciplina de una entidad se basa en vender y hacer rentables sus efectivos, al final la falta de calidad individual es lo que lapida a los equipos de cara a las grandes citas. Y la Champions es la mayor de ellas. 

El partido comenzó con los pupilos del Txingurri volcados arriba. La alineación sin muchas novedades. Banega se quedaba fuera en beneficio de Albelda que acompañaría a Tino Costa y a Parejo, quien parece haberse ganado un sitio con Valverde. Quizás ese fue el error del técnico ché: no ofrecer novedades. En un partido en el que se la jugaban, con un marcador muy desfavorable y fuera de casa, se le puede achacar la falta de ideas en el once. Con jugadores en el banco como Banega, Valdez, Piatti o Canales (muy explosivos y peleones todos ellos) debería haberse pensado el incluir al menos a uno de ellos en la alineación inicial. Para muestra un botón. La entrada de los tres primeros le dio otro aire al partido. Banega aportó calidad en el medio y movilidad con pases de mucho peligro a una delantera en la que Valdez imprimió agresividad y lucha. El punta paraguayo es incansable en la presión, además, en el encuentro de anoche, no falló ni un solo pase en el tiempo que estuvo en el campo. Piatti, por su parte, fijó a Maxwell que en la primera parte no contó con nadie que obstaculizara sus internadas. Cambios tardíos que no cambiaron el mal resultado. 

Al golazo de Jonás, copia del cañonazo de Modric al ManU, no se le sumó un segundo cuando más achuchaba el Valencia. Esto provocó que el PSG aprovechase las ocasiones que tuvo de peligro y matara la eliminatoria. Doble ración de suerte y fin del partido. Kevin Gameiro, aquel joven que dejó plantado al club ché en los dos últimos veranos, aprovechó uno de los muchos errores que cometió Parejo en la salida del balón, desafortunado anoche el canterano madridista, para encarar a los centrales valencianistas. Tras un rebote que le dejó el balón en una posición perfecta, apareció por allí el más listo de la clase: Ezequiel Lavezzi. El argentino casi le robó el esférico a su compañero para tirar a puerta. Y ahí vino la segunda dosis de suerte. El balón se le volvió a quedar en inmejorable situación para que en una segunda opción no perdonara. Es de pocos regalos El Pocho

Y ahí se acabó la eliminatoria. El Valencia no podía y los de la capital francesa no querían. No aparentó peligro y Sirigu fue un espectador más. Ni en la última jugada, un córner a favor del conjunto español en la que incomprensiblemente no subió Guaita, puso en apuros al meta italiano. También influyó y mucho en el devenir del partido, o al menos en su fluidez, el arbitro del partido. El colegiado serbio Milorad Mazil no dio ni una a derechas. La sensación de que siempre pitaría a favor del equipo local fue permanente. En todas y cada una de las jugadas en las que en un balón dividido el jugador que caía portaba una camiseta oscura, la falta era inapelable. Sin embargo, los de blanco no tuvieron la misma suerte. Mal, mal y mal el árbitro. Sus continuos errores acabaron desquiciando a los pupilos de Valverde que se perdieron en constantes protestas, saliéndose así del encuentro. 

Fuera ya de la Champions, los chés deben destinar todas sus fuerzas en afrontar de la mejor manera lo que queda de competición regular. Sus aspiraciones este año pasan por quedar entre los cuatro primeros, cuestión más que improbable teniendo en cuenta su posición en la tabla. Lástima que uno de los clubes que brillaron en esta competición, dos finales en dos años, hoy en día no tenga los medios para afrontar unos cuartos. El nivel es máximo y aunque muchos aseguren haber visto un equipo duro, agresivo, valiente e, incluso, que mereció ganar, yo anoche eche en falta más. Este equipo no es de Europa por mucha pena que nos dé. Esperemos que el futuro nos depare un Valencia de Champions, un Valencia grande; en definitiva, un Valencia como el de hace un tiempo.

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