domingo, 3 de marzo de 2013

El Atleti pone en peligro la Champions del Málaga

Ambiente de gran duelo en la atmósfera. Se enfrentaban los dos equipos en mejor forma en lo que va de temporada. Málaga y Atlético de Madrid presentarían sus credenciales en La Rosaleda para estar el año que viene entre los grandes de Europa. Sin duda, el examen era lo suficiente importante como para no levantarse del sillón. Ambos tienen hoy en día motivos suficientes como para que este enfrentamiento sea considerado uno de los mejores de nuestra competición. 

El primer tiempo fue rojiblanco. Los pupilos de Simeone supieron llevar la batuta durante los primeros 45 minutos. Juego rápido, intenso y con continuas llegadas de peligro a la meta de Cavallero. El meta argentino pudo mantener a salvo los muebles de las constantes llegadas de los atléticos. Mientras, la línea defensiva de los visitantes imposibilitó la labor de los Isco, Joaquín o Santa Cruz. No supieron llegar con garantías cerca de las posesiones de Courtois que veía cómo en la otra punta sus compañeros Falcao y, sobre todo, Diego Costa golpeaban una y otra vez. 

No deja de sorprenderme el papel del entrenador del club madrileño. Ya hemos sido conscientes de lo que mueve el Cholo cuando juega en el Vicente Calderón. En cada enfrentamiento es capaz de crear una simbiosis casi infranqueable con su respetable. Alzando sus brazos al cielo, el público asistente al teatro colchonero sabe que su entrenador quiere más, quiere hacer rugir a las casi 55.000 almas que llega a albergar el estadio. No solo eso, si no que además el técnico argentino arenga a los suyos al inicio de cada partido, provocando que, como en el partido de esta tarde, los once que saltan al campo, salgan con el “cuchillo entre los dientes”. Eso es este año el Atleti, un grupo de futbolistas que tiene bien claros sus objetivos y cuáles son las premisas para conseguirlas. Si no, ahí está su entrenador para recordarlo en cuanto se olvide.
Quizás eso hizo falta para que el Málaga reaccionara tras el pitido que daba inicio a la segunda mitad. La afición, muy dormida en casi todo el choque, no levantó a los suyos hasta después del descanso. Tan solo la llegada del hijo prodigo, Antonio Banderas, a las gradas para presenciar el partido provocó el mayor de los alborotos en la primera mitad. Aún así, los de Pellegrini saltaron tras el descanso con otro ánimo. Con un Lucas Piazón casi desaparecido e Isco perdido entre la férrea defensa rojiblanca, tan solo Joaquín protagonizó el poco peligro que llevó en los primeros minutos del segundo tiempo. Para aquel entonces, Simeone ya había tomado la decisión de cambiar a la versión que menos nos gusta de Diego Costa. El delantero brasileño simuló un penalty que provocó el reproche al unísono de los presentes en las gradas de La Rosaleda que consiguió sacarle del partido.
Mientras que los cambios se sucedían, Falcao seguía a lo suyo. El colombiano lideró el resurgimiento de los suyos en los últimos 10 minutos. El Tigre se desvinculaba una y otra vez de su par para bajar al mediocampo a recibir y encabezar él mismo las jugadas de ataque de su equipo. Juego que se ve menos, pero gran partido de desgaste el suyo. Del lado malaguista, Toulalan intentaba resucitar a sus compañeros. El centrocampista francés puso el ritmo cuando su equipo tuvo el balón, pocas veces en el partido, y repartió con mucho criterio el juego de los suyos.
Pero este año, este Atleti es mucho Atleti. A pesar de no haberse podido hacer con la victoria, la imagen mostrada es muy diferente a la de otros años y los partidos sabe plantearlos de principio a fin. Serios, muy serios durante todo el encuentro y con sensación de mucho peligro cada vez que asomaban por el arco de Willy Cavallero. Al final, un punto para cada uno que refleja el nivel que hay este año en la Liga BBVA. Dos grandes que pusieron toda la carne en el asador y que las tablas que dictaba el marcador final les mantiene firmes en su lucha por entrar sin problemas en Europa, pero que acorta la renta que tenían los de Pellegrini en su cuarta posición.

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