miércoles, 13 de marzo de 2013

Del infierno a los cuartos en apenas un minuto

Lo sé. Es injusto reducir el buen juego de un equipo durante un partido a lo acontecido durante solo un minuto, pero lo cierto hoy es que Niang es hoy demonio en Milán, ya que desde su tiro al poste al 2-0 de Messi apenas transcurrieron 60 segundos (aquí, la angustia de algunos culés en la grada vía @jesusmalaga). A pesar de que el Barça realizó ayer un encuentro en el que parecía que se impondría ante cualquier adversidad, un hipotético 1-1 al descanso habría aplastado el ánimo de las 94.000 almas que ayer colorearon el Camp Nou con el mejor ambiente visto en años.
Por fin, ayer se cumplieron los pronósticos de algunos gurús que, tras el sorteo de octavos, calificaron al Milan como un equipo sin recursos para ganarle al Barça. Unos genios escondidos tras el partido de ida en el Giuseppe Meazza y que anoche respirarían aliviados al ver que el Barça hizo todo lo posible por no volverles a dejar mal (el Chelsea en la memoria) y acabó aplastando al conjunto dirigido por Allegri.
No obstante, la clave del cambio en el juego blaugrana estuvo basada, para mí, en la actitud. Esa cimentada en la testosterona y en la rabia de haber sido criticados hasta la saciedad tras el partido de Milán y la eliminatoria de Copa del Rey ante el Madrid. Actitud, encarnada en un genio como Andrés Iniesta, tibio sobre el verde en otras ocasiones, robando uno y otro balón y brillando más en el apartado defensivo que en el ofensivo.
Las ganas de salir victoriosos, antaño perdidas, inyectadas en un Messi cuya reciente desidia sobre el césped mutó en pelea, guerra por cada balón disputado. Quietud olvidada, lucha en la cabeza y también en las piernas, “y a la mínima oportunidad, a puerta”, debió de pensar el astro argentino, al que le hicieron falta dos balones al borde del área para igualar la eliminatoria.
El Barça lleva luchando desde el año del triplete contra la falta de hambre de títulos. Para ello, las adversidades en forma de enfermedades que van más allá del fútbol y las críticas recibidas tras algún que otro accidente en forma de mal partido han sido sus mejores aliados. Ayer fue uno de esos días en los que Xavi salió al campo con el brazalete de capitán dispuesto a canalizar todos los palos y transformarlos en regalos para sus compañeros en forma de pases, eligiendo siempre la mejor opción, llevando la manija desde el principio. Es donde se construyen las victorias grandes de este Barça, partidos memorables como el de ayer.
En definitiva, actitud de guerra en conjunto, atisbada desde el minuto 1 en la manera de presionar. Únicamente los más nostálgicos recordaban una de las señas de identidad más representativas del mejor Barça de todos los tiempos: la presión arriba. El ahogo a la defensa rival que encabezaban ayer Villa y Pedro como ya hiciera el mejor ‘9’ blaugrana del siglo XXI, Samuel Eto’o, en su época como jugador del conjunto catalán. Correr hacia el rival con el balón con los ojos enrojecidos, con la idea de recuperar y empezar a construir.
Punto de inflexión, lo llaman. Ese en el que consigues cambiar una dinámica negativa y coger impulso para encadenar una buena racha de resultados. Con el juego de siempre, pero con actitud. No obstante, un punto negro se cierne sobre el futuro inmediato del equipo: Cesc Fábregas, uno de los titulares indiscutibles del Barça hasta ayer, no gozó de un solo minuto en el partido más importante del equipo en lo que llevamos de temporada hasta el momento. Su capacidad de sacrificio está en entredicho, mientras que su sustituto, Villa, se entregó al 100% y consiguió hacer el tercer gol del equipo. Un toque de atención claro y severo para el futbolista más blando mentalmente del mejor equipo del mundo.

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