martes, 12 de febrero de 2013

Jornada 23: La Romareda, tienda de regalos

Hace no mucho tiempo, visitar La Romareda era un trago complicado si lo que se buscaba era conseguir la victoria. En los últimos años, especialmente en la era Agapito, se ha cambiado esa historia. Ahora ir a jugar un partido de liga a Zaragoza es un trámite, porque los tres puntos ya están en el bolsillo desde antes de bajar del autobús. Los jugadores blanquillos le ponen ganas a ratos, pero son incapaces de crear el más mínimo peligro. Cuando parece que se ronda el gol local, se produce el habitual desajuste defensivo y llega, sin ningún esfuerzo, el primer tanto de los visitantes. El fallo en la zaga maña es seguro, las apuestas ahora giran en torno a cómo será esta vez. ¿Romperá Álvaro el fuera de juego? ¿Irán dos jugadores zaragocistas a por un balón dividido y decidirán no despejar ninguno de los dos? ¿Se caerá ´jabalí’ Paredes al suelo cuando sea el último defensor? ¿Se cagará una paloma en el ojo de Roberto cuando salte a por un balón? El Zaragoza no sabe qué hacer cuando tiene la bola y en casa, cuando debe llevar el peso del partido, se dedica a rondar el área pero sin llegar a tirar a puerta. Pero lo preocupante es la falta de actitud en gran parte de los encuentros. En muchas ocasiones, cualquiera diría que está viendo un amistoso de pretemporada con jugadores que necesitan una carretilla para llevar sus atributos masculinos. Si a la incapacidad y, en muchas ocasiones, falta de voluntad de los jugadores, se añaden unos cuantos penaltis y expulsiones en contra y un público hastiado, el resultado es lógico. Se consiguen más regalos en La Romareda que en las tiendas de recuerdos de la Plaza del Pilar.  
 
Pablo Incausa García

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