miércoles, 27 de febrero de 2013

Fichajes de última hora: Esther Pizarro

CRISTIANO RONALDO, SIN LÍMITES

Esther Pizarro Muñoz. Que Cristiano Ronaldo es un jugador sobrenatural, nadie lo duda. Que se le compare constantemente con su homólogo extraterrestre, nadie lo evita. Pero en estos últimos meses para hablar de él y de su estado de forma y de gracia es necesario hacer un punto y aparte, sobre todo tras el recital de ayer.

Su tristeza se ha tornado alegría. Ya no resopla cabizbajo tras fallar un disparo tras otro o se queda sentado en el suelo reclamando una falta con el gesto contrariado. Ayer no paraba de sonreír. Ha recuperado confianza y a día de hoy es el líder indiscutible del Real Madrid. Quizá no sea el que cree el fútbol que sale de las botas de Özil (ayer poco creativo). Quizá no sea el que frene a los rivales con un muro cada vez más sólido que es Varane. Quizá no sea el que pone en el pie de los compañeros el balón como lo hace Xabi. Lo que es seguro es que sin él, nada sería igual.

El traspaso más caro de la historia del fútbol es, desde luego, de los más rentables. Cuando más allá de un título, es el orgullo el que está en juego, sale la furia de un jugador tachado de altanero y el madridismo, cada vez más necesitado de estímulos en el terreno de juego, se rinde a los pies de su crack. El futbolista que ha logrado el hito de marcar en seis clásicos a domicilio, llegó anoche al Camp Nou para dejar su nombre en la portería de Pinto. Y vaya si lo hizo.

En esta temporada ha superado a goleadores históricos del Real Madrid como Amancio, Butrañego, Pirri o Gento. Y ayer superó las expectativas de cualquier aficionado: dos goles en el feudo blaugrana y timón de un buque que hacía 50 años que no navegaba por aguas tan tranquilas en Barcelona.

El Madrid estaba en su salsa porque CR se encargaba de que no espesara. Corrió, regateó, provocó un penalti, lo marcó, estuvo donde había que estar en el segundo y generó peligro durante los 90 minutos. Es posible, que su asignatura pendiente sea recuperar la efectividad en las faltas, pero él no se amilana. Balón al suelo. Zancadas atrás. Piernas ligeramente abiertas. Soplido. Concentración. Disparo. Una vez tras otra. Al borde del área o a varios metros de ella. Siempre ve la posibilidad.

Pide calma cuando marca, aunque lo que desata es la locura. Capaz de rematar a 2,63 metros, superando la media de salto de un jugador NBA, ayer no requirió de esas habilidades para ser un héroe. Sus cualidades físicas y mentales le hacen único y aunque genera tanta admiración como rechazo, nadie duda de que hace grande al fútbol y de que aún no ha alcanzado sus límites.

Esther Pizarro Muñoz (Periodista RTVE)

No hay comentarios :

Publicar un comentario