miércoles, 20 de febrero de 2013

Do Dragao suelta vivo a un Málaga desconocido

Pagó la novatada. Su inexperiencia en estos lares le complicó el partido desde el pitido inicial. Los de Pellegrini no mostraron aquello a lo que nos tienen acostumbrados en liga y, hasta hoy, en Champions. El Porto FC supo cómo amedrentar al conjunto andaluz sin, ni tan siquiera, saltar al campo. Parece que el himno de la Champions pesó más de lo esperado en los blanquiazules. Por suerte, la victoria por la mínima de los portugueses deja la eliminatoria sin resolver de cara al partido de La Rosaleda.
Desde el minuto uno no se pudo ver el fútbol de los malaguistas. Perdidos, con miedo, imprecisos, en conclusión: desconocidos. El balón parecía no querer pasar por los pies de los pupilos de Pellegrini. No consiguieron aguantar el esférico más de 10 toques. La falta de transiciones largas provocó que, cuando lo intentaban, no coordinaban los movimientos, fruto, sin duda, de las innumerables pérdidas de balón una y otra vez.
El once planteado por el técnico chileno dejaba entrever objetivos claros. En primer lugar, la elección de Santa Cruz como único punta buscaba fijar a la defensa rival y apoyarse en la corpulencia del delantero paraguayo para facilitar la salida desde atrás del equipo. Además, su envergadura sería un as en la manga para aprovechar las internadas de Joaquín. Por otro lado, Toulalan, Iturra, Baptista e Isco ocuparían el centro del campo del Málaga con el fin de anular el control del balón por parte de los portugueses.
Pero nada funcionó. Santa Cruz fue un naufrago todo el partido. Le llegaron pocos balones y los que le llegaron no fue capaz de aguantarlos como así pretendía el planteamiento táctico de su entrenador. Ni la aguantó ni las remató. Esto último fue producto, en parte, del mal partido de Joaquín. El del Puerto no consiguió zafarse de su defensor en toda la primera mitad. Sandro fue una auténtica pesadilla que acabó por desesperar al talentoso jugador andaluz. Junto a él, fueron otros los que tampoco aparecieron en todo el encuentro. Isco, Baptista o Toulalan desaparecieron para desgracia del resto de sus compañeros. Sin ellos, las opciones de ataque de los visitantes se esfumaban una y otra vez.
Por su parte, el Porto FC seguía a lo suyo. Con un Moutinho dueño y señor del centro del campo, el equipo portugués supo dominar de principio a fin. En el primer tiempo, las conexiones entre el centrocampista internacional portugués y Jackson Martínez acababan en las mayores ocasiones de peligro. El delantero centro colombiano dio una clase magistral de cómo ejercer de único punta de la cual Santa Cruz pudo dar buena cuenta. La presión asfixiante que empleó en los primeros 45 minutos fue la principal razón por la que el Málaga no pudo, ni supo, llevar peligro a la meta de Helton. El 60% de posesión con la que se llegó al final de la primera parte lo decía todo, incluido que el resultado aún no había castigado el mal juego del club español.
Con la reanudación del partido, parecía que la charla del mister en el vestuario resultaba efectiva. El conjunto blanquiazul saltó al verde más entregado y con las ideas más claras. Los jugones empezaron a combinar entre ellos y el balón corría de lado a lado en transiciones algo más largas que las de la primera mitad. Pero cuando más y mejor jugaba el Málaga llegó el tanto de Joao Moutinho. El centrocampista culminó a la perfección un centro medido del lateral izquierdo, un tal Sandro que ya se había encargado de amargar la noche a Joaquín. Sin duda, clave en el partido. Otra vez, los de Pellegrini volvían a caer en lo mismo. Un ejemplo de la poca intensidad que reinó en el juego de los andaluces en todo el partido fue el primer gol luso. Sandro se lleva el balón tras chocar, primero con Santa Cruz, dos o tres tallas mayor que él, y después con Iturra. Ambos quedaron retratados por la garra del lateral y la poca que pusieron ellos mismos. Esa misma razón les hizo llegar siempre tarde a todos los balones divididos.
Y así hasta el final. Los cambios solo sirvieron para dar algo de aliento o, mejor dicho, para sustituir a aquellos que lo habían perdido. Por su parte, Víctor Pereira sacó a James Rodríguez por Varela, la gran sorpresa en la alineación, para sentenciar el partido viendo que enfrente tenía a once jugadores tocados y hundidos. Tan sólo el lateral izquierdo del Málaga, Antunes, supo estar a la altura de las exigencias del choque.
Por suerte salieron vivos. Con el resultado en la mano y tras el mal partido realizado, el club andaluz deberá ver más cosas positivas que negativas. Puede decir que La Rosaleda dictará sentencia, ya que los 90 minutos que quedan por delante son renta suficiente como para remontar la eliminatoria. Esperemos que el mal juego desplegado se quedara en Portugal y que Málaga, Andalucía, España y Europa vuelvan a disfrutar de aquel equipo que un día eclipsó los títulos del todopoderoso AC Milan.

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