jueves, 21 de febrero de 2013

Alfredo Santaelena: "Un pisotón de Zamorano me impidió debutar con la Selección" (Segunda parte)

Alfredo Santaelena es de esos tipos que antes de saludarte ya te han dado un fraternal golpe en la espalda acompañado de un "qué tal estás". No oculta su devoción por sus chavales y algo brilla en sus ojos cuando te habla de la época en que acostumbraba a llevar pantalones cortos. Ganó cuatro títulos en su carrera, formó parte del SuperDepor y se quedó a las puertas de enfundarse La Roja, cuando aún faltaba mucho para que se denominará así a nuestra Selección. La avaricia de José Luis González y su célebre parada impidieron que fuese el encargado de darle la liga al Deportivo de La Coruña en 1994. Llegó el primero a aquel rechazo que nunca prosperó.

¿En qué equipo vivió sus mejores años como futbolista?
En el Deportivo, aunque en el Atlético también jugué bastante, pero fue en Coruña donde más cómodo me sentí. Como Atlético que soy, mi etapa rojiblanca fue muy buena (ganamos dos títulos), pero al Depor llegué más maduro futbolísticamente. En el Atleti era más mucho más joven. Cuando llegué a ese vestuario estaban allí todos mis ídolos: Abel, Futre, Goikoetxea… Fue un periodo de adaptación al fútbol de máximo nivel.

¿Fue Jesús Gil en persona quien le propuso el fichaje tras verle en un amistoso con el Getafe?
Lo cierto es que había varios equipos interesados en mí. Se hablaba del Sevilla, del Espanyol y del Tenerife. Pero finalmente me fui al Atleti. Don Jesús Gil me vio en un amistoso ante el Getafe, en el antiguo campo de Las Margaritas, y bajó directamente al vestuario y tuve que salir con la toalla. ¡Lo primero que me dijo fue que en el campo parecía más alto! (ríe). Él era muy campechano, así que me dijo que me pasase por las oficinas del club para formalizar el fichaje.

Goikoetxea, Bakero o Donato jugaban en su puesto en la selección, ¿qué le faltó a usted para dar el salto?
Yo tuve mala suerte. Fui internacional Sub-21. Con Benjamin Toshack empecé jugando de carrilero en la derecha con una defensa de cinco. Disputamos el Teresa Herrera en verano y lo ganamos. También le ganamos la Supercopa al Madrid y en el partido de vuelta en el Bernabéu me crucé con Javier Clemente (seleccionador español) y me dijo: “Alfredo, para la próxima convocatoria te llamo”. Tenía 26 años y fue una alegría tremenda. Pero tuve la mala suerte de lesionarme en ese partido tras una entrada de Iván Zamorano y estuve tres meses parado: me pegó un pisotón en el tendón... Después ya no tuve esa continuidad. Mala suerte y hay que asumirlo.

Usted nunca destacó como goleador, pero los pocos goles que metió fueron muy importantes. En junio de 1991 con el Atleti marcó en la final de Copa ante el Mallorca y en la final de 1995 lo hizo ante el Valencia, ambos en el Bernabéu.
Antes de llegar al Atleti sí que metía más goles, jugaba más en punta. Pero después me pusieron más en el centro y comencé a destacar como un jugador de lucha, de brega. Pero mis dos goles más importantes significaron dos títulos para dos equipos diferentes. El primero con el Atleti supuso el primer título de la Era Gil y el del Depor significó el primer título de la historia del club. Aquella final se suspendió por un aguacero con diez minutos aún por jugarse. En la reanudación todos esperaban que llegase la prórroga, ya que íbamos 1-1, pero nosotros habíamos hablado con Arsenio Iglesias que teníamos que intentar buscarle la espalda a la defensa de esa manera. Manjarín puso un balón perfecto y yo salté de espaldas a la portería. Tuve la suerte de hacer un control bueno con el pecho y rematé sin ver si entraba o no. Zubizarreta salió y me golpeó en la cabeza pero tuve la suerte de meterla. Recuerdo que con quince años estaba viendo la final del Mundial de 1982 con unos amigos, cuando vi a Tardelli marcar un gol en el Bernabéu y celebrarlo de aquella manera, les dije que un día yo marcaría un gol como ése. Y no solo metí uno; metí uno en cada portería de ese estadio.


Además, en 1995 también ganó la Supercopa al Real Madrid, de nuevo imponiéndose en el Bernabéu. ¿Cuestión de suerte o es que se motivaba especialmente en ese estadio?
Todos los títulos que he ganado han sido en el Bernabéu. Me mentalizaba mucho para ese tipo de partidos, intentaba visualizarlo todo la noche anterior. Por ejemplo, cuando Djukic falló el penalti, yo sentí que lo fallaría y que el rechace iba a ir hacia mí, por eso cuando lanzó yo estaba casi en el punto de penalti. Pero tuvimos la mala suerte de que González se quedase con el balón.

¿Qué hay de cierto en la creencia de que Bebeto no se atrevió a tirarlo?
Se habló mucho de eso. El encargado era Donato, pero Arsenio lo quitó y me dio entrada a mí. Cuando llegó el penalti, todos miramos a Bebeto. Lo normal habría sido que lo tirara él, pero no estaba con confianza. Esas cosas pasan. Djukic era mentalmente muy fuerte y se atrevió. Lo falló y bueno. Nos afectó mucho, porque fuimos primeros todo el año. No perdimos la liga con el Valencia, la perdimos con el Rayo y con el Lleida, donde nos dejamos puntos. Las ligas no se pierden en el último partido. Hay que ser muy fuerte mentalmente para afrontar ese tipo de situaciones.

¿Se ha dado algún capricho tras haberle tocado el Gordo en 2012?
(Ríe) Qué va, lo gastaré con mis amigos. Precisamente ahora me voy a comer y tengo que invitar. Hay que tener suerte. Pero como les digo a los jugadores: hay que echar fichas. Si uno es constante en el trabajo y se cuida, tiene más posibilidades. Porque luego ya con 25 o 26 años es muy difícil.

No hay comentarios :

Publicar un comentario