sábado, 1 de diciembre de 2012

Mourinho y el plebiscito del Bernabéu

Damiana Cisneros dijo que “Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”. Si esto fuera cierto, José Mourinho andaría moribundo. Tras cada respuesta en la rueda de prensa de ayer, un suspiro. Si no fuera por su aire altivo y desafiante, podríamos pensar que al técnico portugués le supera esta situación. Ya no es intocable.

El de hoy es uno de los partidos más importantes desde que se incorporó a la disciplina merengue. Un tropiezo ante el Atlético de Madrid supondría destapar la caja de los truenos. Mourinho, The Special One, sería el primer técnico en perder ante el máximo rival de la capital en los últimos doce años. Ni Del Bosque, ni Pellegrini, ni Schuster, ni Juande Ramos. Pero para eso habrá que esperar a que Undiano Mallenco haga sonar tres veces su silbato.

Esta no es la primera vez que se respira tensión en el ambiente de Chamartín durante los últimos tres años. La tensión no es nueva. Lo que sí es nuevo es ese aire de desidia e indiferencia que le acompaña. El FC Barcelona está a once puntos y no parece que entrenador y jugadores se hayan dado cuenta. Basta con ver un partido del Madrid. Cada encuentro tendría que ser una final y, en cambio, los jugadores parecen jugar con tedio, como aletargados, como si estuvieran esperando una chispa que hiciera saltar todo por los aires. ¿Podría ser ese detonante una derrota ante su público en el derbi madrileño?

Los entrenadores están a merced de sus jugadores y no sería el primer caso en que un grupo de futbolistas no hace lo posible por remar en la misma dirección que su técnico (bien lo sabe Gregorio Manzano). Las constantes salidas de tono de Mourinho pueden haber cansado a unos jugadores que no están dispuestos a pasar por su aro. Como diría el Sabio de Hortaleza: “ya tienen el culo pelao y tal”.

Los que se visten de corto tienen la sartén por el mango en este pulso psicológico. No le conviene a Mourinho ponérselos en contra. El último episodio se vivió ayer, cuando cinco jugadores se quedaron sin subirse al autobús por demorarse en la hora acordada. Más madera. En otra situación podría tratarse de un buen escarmiento, pero no un día antes del partido más importante del curso.

“Mañana solo me juego mi felicidad”, sostuvo ayer el manager en rueda de prensa. De nuevo el ‘yo’, por delante del ‘nosotros’, como ya hiciera tras la dolorosa manita encajada en el Camp Nou hace ahora dos años. El campeón de liga se juega hoy el dejar de aspirar a un título mucho antes de lo esperado. Se lo juega el campeón y se lo juega su entrenador, aunque él no lo reconozca.

A las 21.20 hablará el Bernabéu. Los aficionados criticarán o aplaudirán a Mourinho, después animarán a su equipo. El tiempo que duren esos gritos de aliento lo determinará el curso del partido. Si las cosas se tuercen, el juicio podría precipitarse. Mientras, Florentino Pérez presenciará con solemnidad cómo hace aguas un nuevo proyecto o, en cambio, cómo su equipo saca fuerzas de flaqueza para intentar revertir esta situación. A las 23.45 saldremos de dudas.

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