jueves, 15 de noviembre de 2012

Pedro volvió a ser Pedrito

La selección española se impuso anoche a Panamá en un encuentro que a la campeona de Europa y del Mundo se le presentó fácil de principio a fin. De los nuestros destacó la profesionalidad con la que asumieron un enfrentamiento que no todos veían con buenos ojos; y el papel de Pedro Rodríguez. Aquel que todos conocimos como Pedrito, ya es Pedro aunque se empeñe en demostrarnos que en ocasiones, como la de anoche, aquel espíritu joven vuelve a los terrenos de juego.
No han sido todas buenas. La irregularidad del joven futbolísta canario se ha agarrado a él como el dorsal que porta cuando salta al verde. Primero con el 33 y más tarde con el 17, su número actual, el centrocampista culé nos ha deleitado con tardes y noches de auténtico fútbol. La Roja también ha sido testigo de su enorme calidad. Quién no recuerda aquel partido de semifinales del Mundial de Sudáfrica frente a una Alemania que él solito desarmó. Sus continuas idas y venidas, su presión asfixiante, su verticalidad y el excelente manejo de balón son sus credenciales. A día de hoy,  fijo en su club y con muchas opciones de convertirse en un fijo en el once de Don Vicente del Bosque.
Pero no siempre fue ese camino de rosas. Pedro dejó de ser Pedrito. Su camiseta envejeció y con ella el juego del canario. Su adaptación a la filosofía de juego blaugrana, al igual que le hicieron grande, en ciertos momentos cercaron sus movimientos. De la misma manera que pasara con futbolistas de un perfil parecido, como el del francés Giuly, el fútbol de toque cansino que acaba por extenuar a su rival que practica el actual líder de la liga, es el peor enemigo del Flaco. Sus últimas dos temporadas no son, ni por asomo, el vivo reflejo de su juego. Los dos malos años que pasó a las órdenes de Guardiola fueron por su incapacidad de adaptarse a ese juego que tanto le limita.
Sin duda, su frescura es la mejor vía de escape para sus compañeros y su entrenador. De sus botas salen cosas diferentes que no siempre puede sacar. La disciplina de un once le aleja, en ocasiones, del fútbol que le llevó a colocarse entre los más grandes en tan poco tiempo. Han sido muchos los que han salido y que jamás llegarán a donde ha llegado él. Ni Bojan, ni Cuenca ni, de momento, Tello, son como él. Hasta el día de hoy ninguno ha conseguido la machada de convertirse en el único español de toda la historia en marcar, al menos un gol, en las seis competiciones oficiales de clubes durante una misma temporada. La Liga, la Copa del Rey, la Supercopa de España, la Liga de Campeones, la Supercopa de la UEFA y el Mundialito de clubes ya le conocen bien.
Anoche volvió a ser él, Pedrito. Desde que en la 2008/2009 el FC Barcelona decidiese cambiar su nombre, los años cayeron sobre él. Su juventud se vio mermada por un cambio de identidad y que fue haciendo su fútbol cada vez más serio, más formal. Pero es en noches como la de ayer en el Estadio Nacional Rommel Fernández de Panamá la que nos hace recuperar aquella frescura de un chaval joven que cada fin de semana saltaba a los terrenos de juego con ganas de comerse el mundo. Anoche con dos goles lo hizo por todo lo alto. Del Bosque sabe cómo recuperarlo.

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