domingo, 18 de noviembre de 2012

Benzema nunca fue egoísta

Quizá la mayor virtud de Karim Benzema sea también su particular lastre. Lleva el nueve a la espalda pero sus características en nada se parecen a las que hicieron de ese número un dorsal legendario en la historia del fútbol. Su capacidad para asociarse con sus compañeros le hace más merecedor del primer dorsal de dos dígitos, el del, por tradición, mejor jugador del equipo. Benzema nunca fue egoísta; Benzema nunca fue un nueve.

Pocas fechas hace desde que el francés reclamara más protagonismo. Siempre dentro de esa calma que le caracteriza. Pero en sus palabras se percibía cierto malestar. Si bien dejó clara su admiración hacia José Mourinho, sí que reclamó más minutos. También ironizó sobre las críticas que llegan desde territorio francés, que le acusan de no anotar el número de goles que se espera de él: “Si no marco, siempre doy una o dos asistencias, así que tendrán que explicarme qué es eso del rendimiento”.

Esta es la prueba de que el galo no es un delantero centro. Un killer jamás se mostraría satisfecho dando únicamente pases de gol. El egoísmo es algo intrínseco en un ariete. Higuaín es egoísta; Higuaín es un nueve. Por eso ambos jugadores son perfectamente compatibles. No debería existir el debate que se empeña en elegir siempre entre uno u otro. La superpoblación en la mediapunta merengue y la escasez de delanteros son los principales escollos que impiden a Benzema ser indiscutible en el once titular de Mourinho. En la pizarra de cualquier otro equipo aparecería siempre Karim acompañado de otros diez compañeros. No en el Madrid.

Pero ayer el gato dio un auténtico recital de juego colectivo. Invirtió las leyes de la madre naturaleza para acabar él solo con toda una manada de leones. Marcó un gol (y medio), y regaló otro a Özil. Cada vez que tocaba el balón el reloj se detenía. Fue la referencia en la vanguardia pero también apareció en el centro y en la banda. Se asoció siempre, pero él no necesitó a nadie para marcar su gol. Callejón únicamente le cedió un balón inocente en el pico del área que el francés convirtió en obra de arte para sentenciar el choque en el primer periodo. Tras la reanudación pudo ampliar su cuenta goleadora pero la cabeza de Aurtenetxe se interpuso entre él y los vídeos de highlights. No obstante, el gol de Özil fue el reflejo de esa ausencia de egoísmo anteriormente comentada. Donde un verdadero killer solo vería portería, Karim vislumbró la periferia con un compañero libre de marca, le cedió el balón y esperó su merecido abrazo de agradecimiento. Chapeau!

Mourinho quiso que el Bernabéu reconociese la labor del delantero. Le cambió en el minuto 74 y dio entrada a Morata. Ovación para ambos jugadores. Un superclase y un canterano. Loa que bien refleja el sentimiento de un respetable que ansía ser escuchado.

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