lunes, 25 de junio de 2012

Recuerdo de Champions

Cristiano Ronaldo, Mario Gómez, Pirlo y Casillas / EFE
Casi sin darnos cuenta, nos hemos plantado ya en las semifinales de la Eurocopa de Ucrania y Polonia. Alemania-Italia y Portugal-España serán los dos partidos que nos darán los nombres de los equipos que lucharán por el trofeo el día 1 de julio en Kiev.
Hablo de que apenas hemos reparado en el avance del torneo, y creo que es por la poca relevancia futbolística que están teniendo los partidos jugados hasta el momento. Quizás haya sido porque las expectativas sobre el torneo, por el nivel de los equipos participantes, eran demasiado altas y ninguno de los encuentros disputados (dejando a un lado los que implican sentimiento patrio) han conseguido colmar nuestros deseos de ver partidos que aunaran épica, emoción y calidad futbolística. Haciendo una valoración general, mi percepción es que está siendo una Eurocopa bastante fea, aburrida y de poco nivel, centrándome en lo visto hasta el momento sobre el terreno de juego.
No obstante, hemos llegado al momento crucial, en el que la emoción la ponen la misma ronda de semifinales por si sola, y en el cual los jugadores más destacados de los que quedan en competición deberían sacar lo mejor de su repertorio para elevar el nivel futbolístico.
La situación que presenta la Eurocopa es similar a la que contempló la Champions League en su última edición, también en penúltima ronda, en el sentido de que en dicha ocasión, Madrid y Barça eran ampliamente superiores con respecto a sus rivales, Bayern Munich y Chelsea, respectivamente, al igual que ahora Alemania y España están un peldaño por encima de Italia y Portugal, por lo mostrado en estos cuatro partidos. Aún así, y tomando este ejemplo al pie de la letra, ni alemanes ni españoles pueden confiarse ante dos equipos con jugadores capaces de ofrecer un grado de competitividad mayor al talento que atesoran. Además, si a esto le unimos jugadores de la clase de Pirlo en los italianos y Cristiano Ronaldo en el de los portugueses, no sería extraño ver una final entre los de Cesare Prandelli y los de Paulo Bento. Una final que, sin embargo, no haría justicia con las dos mejores selecciones nacionales del continente, por equipo y por juego.

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