jueves, 28 de junio de 2012

¡Esta selección es de leyenda!

Los jugadores españoles celebrando el pase a la final / Europa Press
Otra vez nos hicieron sufrir. Otra vez nos hicieron gritar. Otra vez nos hicieron reír. España ya está en la final de esta Eurocopa de Ucrania y Polonia. De nuevo, volvemos a estar en una final mostrando al mundo entero que ser la mejor no es una cuestión baladí. La Roja lo es. Hoy no lo demostró en los 90 minutos, volvió a ser grande tras el pitido final. La prorroga la devolvió su juego, su verticalidad y su sitio en el olimpo futbolístico.

Tres finales en los últimos tres torneos. Eurocopa, Mundial, Eurocopa. La idea de ganar los tres de forma consecutiva ya no es un sueño, empieza a ser una realidad. La Roja no plasmó sobre el césped su sello de identidad. El planteamiento de Portugal, mucho más fresca, le planteó grandes problemas. Las contras y los lanzamientos de falta de Cristiano Ronaldo fueron un continuo quebradero de cabeza y, a su vez, momentos justificados para rezar y suspirar. La selección lusa daba miedo, el cual se acrecentaba con el paso de los minutos. No estuvieron bien los de Del Bosque. La entrada de Negredo no parecía la mejor solución. No seré yo quien critique las decisiones del marqués, merecedor más si cabe de este título tras sus planteamientos en esta Euro. El delantero del Sevilla estuvo muy bien en su tarea de aguantar el balón frente a la dura, muy dura, defensa lusa.
Los cambios volvieron a ser los de siempre y volvieron a demostrar lo mucho que sabe Vicente del Bosque de este deporte. Entraron Navas, Cesc y Pedro. Los tres dieron un plus de velocidad y frescura a la selección. El de Los Palacios salía para aprovechar el hueco que dejaba la ausencia en labores defensivas de CR7. Coentrao defendía solo y la entrada del menudo jugador sevillista supuso un problema para el lateral del Real Madrid. Por su parte, los jugadores del FC Barcelona fueron un soplo de aire fresco. Decisivos todos ellos.
El cansancio volvió a ser evidente en alguno de los nuestros. Xavi Hernández y David Silva son el mejor ejemplo. El de Tarrasa no está siendo el de siempre. Para la final necesitamos de su exquisito manejo del ritmo de los encuentros. Él es la batuta de España.

El inicio del tiempo extra daba miedo, pero nada más lejos de la realidad. Los minutos de la prórroga fueron los mejores de los de Del Bosque. Juego fluido con infinidad de llegadas. La insistencia de los nuestros, fruto de la calidad que atesoran, de no tirar a puerta se tornaba en motivo de irritación para muchos. A pesar de ello, fuimos mejores y merecimos ganar sin recurrir a la lotería de los penaltis.
Mención aparte merece la defensa. Arbeloa, Piqué, Ramos y Jordi Alba. Anoche estuvieron colosales. Con una línea defensiva de semejante nivel -tan solo un gol en lo que va de torneo- es imposible ganar a España. Cierto es que el juego que practica La Roja ayuda, pero cuando hay peligro, ahí están ellos. A Arbeloa le tocó bailar con la más fea, al igual que frente a Francia, y pasó la prueba con nota. Piqué realizó el mejor partido de los que van hasta ahora. Contundente por arriba y elegante en la salida del balón. Y Ramos y Alba estuvieron como hasta ahora. Ellos dos hacen que las palabras se queden cortas. Pocos elogios que sean capaces de describir su trabajo. Alba fue un martillo pilón por la banda izquierda. No paró de subir y bajar durante los 120 minutos. Las jugadas de mayor peligro llevaban, en muchas ocasiones, su firma. Finalmente Ramos. Man of the match. Eso lo dice todo. El andaluz fue el mejor de largo. Lo llevaba mereciendo desde el inicio de esta Eurocopa. El broche de oro a un partido de 10 lo puso con su penalti a lo Panenka. Su gol supuso un punto de inflexión. “Aquí estoy yo”, dijo el de Camas. Con ello acabó con toda la polémica y con todas las burlas que le han acompañado desde su fallo en las semifinales de Champions de esta temporada. Fin del problema.
Con todo y con más que la emoción ha borrado de mi cabeza, España pasó a la final. Ya está donde merece. Ahora a esperar rival. Italia o Alemania serán quienes intenten impedir que La Roja entre en la historia como la mejor selección de todos los tiempos. Títulos aparte, grandes ya lo son. Durante 90 minutos las penas se nos olvidan. Solo la selección sabe cómo hacernos sufrir, qué hacer para hacernos gritar y cómo ganar para, finalmente, invitarnos a reír. ¡Vamos España!

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