lunes, 4 de junio de 2012

El camino hacia Primera: Real Valladolid

EL BARÇA DE LA LIGA ADELANTE BUSCA CONECTARSE EN EL PLAYOFF
Los jugadores del Valladolid celebrando un gol esta temporada / mundodeportivo.com

Jaime S. Nielfa. Hay quien piensa que resulta presuntuoso equiparar al Real Valladolid con el que ha sido el equipo de Guardiola durante los últimos años. Y puede que no le falte razón. Sin embargo, pocos dudan de que el equipo vallisoletano ha ofrecido el mejor juego de la división a lo largo de la temporada.

Y es que Miroslav Djukic ha otorgado al equipo castellano una nueva identidad. Mover el balón. Elaborar la jugada. Abrir a la banda. Y si no se encuentran los huecos, se sigue tocando. Control total de la posesión y mucha paciencia. Un estilo propio que como mínimo convence al aficionado local. Y no es poco, por lo menos ahora el Real Valladolid sabe a lo que juega.

Motivos suficientes por los que estar orgullosos de un club con el que todos y cada uno de los jugadores se han comprometido. Sí, hasta Manucho, el hombre de los cuarenta goles en una misma temporada. Y más cuando cabe destacar, que a lo largo de todo el año ningún miembro de la plantilla ha cobrado religiosamente su salario debido a los problemas económicos por los que atraviesa la entidad.
Sin embargo ser el mejor sobre el papel y considerado el teórico favorito, o comprometerse al máximo con un estilo y unos valores, no es garantía para conseguir  resultados. Falta de intensidad, un puntito más de suerte, o excesiva relajación en momentos clave han provocado que el Real Valladolid tenga que buscar el ascenso en unos complicados Play offs.
Por primera vez en la historia de la categoría no ha sido suficiente superar la barrera de los ochenta puntos en la clasificación para obtener un ascenso de forma directa. Deportivo de la Coruña y Celta de Vigo han sido mejores. Noventa y uno y ochenta y cinco puntos así lo indican. Y por lo tanto son los justos merecedores de un ascenso directo a la Liga BBVA. Su juego, quizás no tan vistoso para el aficionado, especialmente en el caso del Deportivo, ha sido simplemente letal y adecuado para una liga como la Adelante.
¿Es posible que el juego del Real Valladolid no sea el idóneo para la Segunda División? En una categoría tan complicada todo vale. Lucha, garra, fuerza, o pelear por cada balón son conceptos clave que hay que aplicar en cada partido. Y sobre todo, estar concentrados los noventa minutos de partido, incluido el descuento. En muchas ocasiones el Minuto 91 es la clave.
Cuando el Real Valladolid visitó Vigo, un escandaloso golazo de falta de Orellana en el minuto noventa y cuatro privó al equipo pucelano de una victoria que parecía tener en el bolsillo. Y después, en la vuelta, cuando el Celta se la jugó en el José Zorrilla, el equipo gallego se llevó los tres puntos con otro gol en el descuento, éste quizás más doloroso por producirse a continuación de una jugada en la que el equipo blanquivioleta pudo decantar el partido a su favor. El Celta se impuso como lo hacen los grandes, con un golpe de autoridad en el campo rival. Así lo hizo el Real Madrid este mismo año en el Camp Nou.
Momentos clave que el equipo de Pucela no ha sabido o no ha podido gestionar. Suerte lo llaman algunos, o falta de la misma. Nadie en Valladolid olvida tampoco un gol en propia puerta de Manucho, de nuevo en el fatídico minuto noventa y cuatro de partido, frente al Hércules, y que dejó a los castellanos sin una importante dependencia de si mismos en el mano a mano con el Celta por el ascenso directo.
Pero también otros errores. Errores incluso más importantes que el equipo asume como propios. Y que en principio carecen de sentido. Pues es en algunos partidos cuando el Real Valladolid deja escapar ventajas cómodas de hasta dos goles como sucedió frente al Huesca o recientemente ante el Alcorcón.
Además la falta de puntería ha supuesto uno de los mayores problemas de este equipo pese a tener delanteros de la calidad de Alberto Bueno. El oportunismo de Javi Guerra. La potencia física del propio Manucho. O la técnica de Óscar, Nauzet Alemán y Sisi.
Un cúmulo de sucesos que a día de hoy ya no importan. El pasado está olvidado, y desde hace al menos diez días los jugadores de la plantilla del Real Valladolid están pensando en que el objetivo de la temporada, y probablemente de buena parte del futuro del club, pasa por los que ocurra en los próximos quince días y por esos cuatro partidos que habrá que superar para estar en la Primera División.
Y es que nadie puede olvidar que este equipo ahora sí que se edifica sobre un proyecto sólido. Carlos Suárez cogió la batuta de la presidencia de forma definitiva a principio de temporada. Con eficacia y apostando por un futuro estable y prometedor.
Con una deuda reconocida de unos 40 millones de euros, el propio Carlos Suárez consiguió reunir la semana pasada el dinero necesario para hacer frente a los salarios de los jugadores, e insuflarles así algo de moral de cara a las eliminatorias definitivas. Aquí, antes o después, o quizás más bien cuando se puede, se cumple.
Porque Valladolid confía en un equipo que tras muchas temporadas por fin es propio. Ya no depende de inversores que consideraban esto un negocio, poco productivo, y a los que les importaba nada el sentimiento de la ciudad. Ahora el presidente da la cara.
Además la plantilla se confecciona también como propia. De forma que puede tener una continuidad, y no como en el pasado cuando más de la mitad de los jugadores estaban cedidos por otros equipos y a final de temporada abandonaban el barco en busca de una mejor suerte.
Y es por eso que el Real Valladolid debe hacer de un #SíSubimos su bandera. Lo que aquí se lleva es el #PlayOn. Porque subir a Primera División es un sueño pero también una necesidad. Y creemos, y no tratamos de ser pretenciosos, que si el equipo da lo mejor de si mismo en los cuatro partidos del Play off, no hay rival que pueda superarnos. Nosotros como aficionados podemos creerlo, los jugadores, desde luego que no.
La experiencia de haber disputado ya este tipo de eliminatorias. La ventaja de campo y de victoria tras empate a resultado en una supuesta prórroga. O ser el equipo que menos derrotas ha sufrido a lo largo de todo el año son solo algunas de las bazas que deben aprovecharse para cumplir ese sueño.
Y es que es el momento de demostrar que esa diferencia de puntos conseguida a lo largo de la temporada regular es real. Porque con un poquito más de fortuna, de intensidad, de acierto de cara al gol, y mejora en el juego aéreo, el Real Valladolid será, la temporada que viene, equipo de la Primera División.

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