jueves, 10 de mayo de 2012

Ejemplo de honor

Puyol, en un partido del Mundial 2010 / lavanguardia.com
Cuando pensábamos que la injusta penitencia de las lesiones de rodilla le haría abandonar un grupo del cual ha sido alma de las más grandes victorias, Carles Puyol Saforcada nos ha vuelto a emocionar. Podría haber usado el verbo “sorprender” pero, realmente, ¿vosotros pensáis que el hecho de que Puyol quiera seguir vistiendo La Roja (otra cosa es que las lesiones le dejen) después de este contratiempo es una sorpresa? Yo creo que solo para una minoría, como el diario Mundo Deportivo, por ejemplo. Gente de poca fe.
Hago referencia a la fe, porque es un aspecto que define a Puyol como pocos, sobre todo dentro del campo. Nunca ha sido el central más elegante que hemos visto jugar, ni el más rápido, ni el más alto, ni siquiera el más fuerte. Sin embargo, es bueno en todo y su corazón le ha permitido estar siempre entre los mejores. De hecho, aún hoy, a sus 34 años, es indiscutible en el mejor equipo del mundo y en la selección campeona de Europa y del mundo (siempre que sus lesiones no se lo impiden).
Desgraciadamente, su rodilla derecha ha dicho “basta” y el bravo central azulgrana se verá obligado a someterse a una artroscopia, lo que le hará perderse la final de Copa del Rey con el Barça y, muy probablemente, la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania. Ante tal situación, la grandeza de Puyol ha emergido y, lejos de retirarse de la selección y centrarse en el Barça, ha afirmado que le gustaría retirarse jugando y no en el quirófano. Compromiso, pureza, honor. Nada nuevo en ‘Puyi’, al que todos deseamos una pronta recuperación y muchos años más de buen fútbol, tanto en el Barça como en la selección. Más que nada, para dar tiempo a que algún chaval, aún en formación, nos consiga llenar con una décima parte de la entrega y el sacrificio que el central catalán nos ha mostrado durante sus brillantes 13 años de carrera.

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