domingo, 20 de mayo de 2012

Drogba se hace gigante

Drogba celebra el 1-1 / mirro.co.uk
Cuenta 34 pero perfectamente podríamos decir que está en la mejor época de su carrera. El paso de los años parece provocar el efecto contrario en Didier Drogba, cuya temporada ha sido un ejemplo de fuerza y calidad. Pocos se hubieran repuesto ayer como él después de cometer un penalty en la prórroga que podía haberle costado la Champions a su equipo. Con la decisiva ayuda de Cech, portero brillante donde los haya, el marfileño brindó al Chelsea su primera y, hasta la fecha, única Champions League en sus 136 años de historia.
Esta temporada ha servido para el fútbol nos muestre su grandeza en forma de sorpresa. Tan inesperada era la presencia del Chelsea en la final de la máxima competición continental como su doblete al final de la campaña (Champions y FA Cup). El fracaso Villas-Boas hacía que la inmensa mayoría de los aficionados a este maravilloso deporte pensáramos en una año de transición hasta que Abramovich volviera a sacar la billetera para nutrir de estrellas su plantilla. Nada más lejos de la realidad, ya que Di Matteo ha conseguido convertir una temporada gris, a simple vista, en una de las mejores de la historia del club.
No obstante, no será por juego vistoso. La final de Champions de ayer la podían haber firmado dos equipos de segunda de cualquier liga europea. Repleta de emoción como pocas, fue el Bayern el que llevó el peso del partido y el que hizo más por hacerse con el título. Pero, definitivamente, el Chelsea no entiende de justicia. No tiene piedad, y llevaba detrás de este título casi una década. Ni siquiera hizo falta que su jugador con más clase, Mata, apareciese. Incluso se permitió el lujo de fallar su penalty en la tanda final.
Ayer era el día para olvidarse del churro de Terry contra el Manchester United y de Ovrebo, y el mismo jugador que protagonizó la imagen de aquel partido, mirando a cámara y gritando “It’s a fucking disgrace” (esto es una jodida vergüenza), fue capaz de empatar un partido que el Chelsea tenía perdido a solo siete minutos para el final. Potente, resolutivo e infalible, como solo él sabe. Alabanzas que en la prórroga tornaron en críticas. Torpe, infantil e incluso tonto, al cometer un claro penalty sobre Ribery que Cech acabaría atajando.
Por parte del Bayern, Robben despejó cualquier duda sobre su candidatura al Balón de Oro perdiendo la oportunidad de darle a su equipo el título y escondiéndose en la tanda final. Mario Gómez estuvo errático, perdido y desesperado, y Ribery poco pudo hacer a pesar de querer el balón, llevar peligro y provocar un penalty que pudo ser decisivo.
En definitiva, solo nos acordaremos del Chelsea, Drogba y Cech de una final descafeinada y falta de calidad, que a nosotros, después de todo, no nos supo tan mal por la alegría que Mata, Torres y Romeu consiguieron llevarse. Sin duda, hay muchas maneras de ganar, y la de los londinenses es la menos divertida, pero su Champions no vale ni más ni menos que la del año pasado, por ejemplo. Enhorabuena.

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