sábado, 21 de abril de 2012

¿Te acuerdas de... Kily González?

KILY GONZÁLEZ, ZURDA DE PASIÓN
Cromo de Kily González, temporada 97-98 / Minuto 91
En estos primeros años del siglo XXI, el fútbol está sufriendo una evolución en las diferentes posiciones que los jugadores ocupan sobre el terreno de juego. Hay perfiles de futbolistas que están en peligro de extinción o directamente se han perdido, como pueden ser el delantero centro rematador o los extremos que no se despegan de la línea de cal, cuyos últimos exponentes encontramos en profesionales como Falcao, en el primer caso, o Joaquín, en el segundo.
Referente a los extremos, un nuevo tipo de hombre de banda empezó a surgir en la segunda mitad de la década de los 90. Cada vez más alejados de la línea de cal y con más movimientos hacia el centro, sacrificando internadas por banda y los clásicos centros antes de llegar a la línea de fondo. Dos de los ejemplos de este cambio de perfil jugaron en Primera División, llegando a nuestro país al mismo tiempo y a la misma plantilla. Se trata de los argentinos Gustavo López y ‘Kily’ González. Cualquiera de los dos podría haber sido el protagonista de hoy, pero he elegido el segundo por su carácter arrogante y chulesco, pero también noble.
Procedente de Boca, el Real Zaragoza lo fichó en el verano de 1996 y ya en sus inicios se hizo imprescindible en el equipo maño. En su primera temporada disputó un total de 34 partidos y marcó cuatro tantos. Sus cifras goleadoras nunca fueron especialmente espectaculares (su máximo de goles en una temporada son seis) a pesar del cañón que tenía por zurda y de sus buenas incorporaciones al ataque. Su buen rendimiento continuó durante las dos temporadas siguientes, con los consiguientes rumores de traspaso (Deportivo y Celta pretendían su fichaje). Buen juego que fue acompañado con muestras de su fuerte personalidad: recién estrenado el año 1998, tanto él como Gustavo López decidieron alargar sus vacaciones de Navidad, perdiéndose seis sesiones de entrenamiento. Este hecho les supuso la correspondiente multa por parte del club, además de quedarse fuera de una convocatoria.
Tras tres buenas temporadas con el Real Zaragoza, finalmente fue el Valencia el que consiguió hacerse con sus servicios en 1999 por la nada despreciable cantidad de 1.300 millones de pesetas. Desde luego, uno de los mayores aciertos de su carrera, ya que vivió la época más esplendorosa del club ‘ché’. En las cuatro campañas que Kily permaneció en Valencia, consiguió un título de liga, una Supercopa de España y vivió las dos únicas finales de Champions League del equipo en toda su historia (ambas con un final amargo).
Su carácter y su fútbol encandilaron a la siempre exigente afición valencianista, aún cuando el rendimiento del argentino no fue el que de él se esperaba. Fue de más a menos, jugando 50 partidos en su primer año y 24 en la última. Una línea descendente provocada, en gran medida, por sus problemas en forma de lesiones y la eclosión de Vicente. No obstante, su compromiso con el club valenciano le llevó a rechazar jugosas ofertas de clubes italianos para enmendar su gris rendimiento en la campaña 2000/01, lo que le convirtió en un héroe para la afición. En el año 2003 acabó siendo vendido al Inter de Milán, último club de su buena carrera en Europa. Vistiendo la camiseta neroazurra conseguió un Scudetto, dos copas de Italia y una Supercopa de Italia. Su retiro se produjo el pasado año en el club de su ciudad natal, Rosario Central.
También obtuvo importantes logros con la selección argentina, donde jugó en 56 ocasiones, lo que incluye el Mundial de 2002 en Corea y Japón. El título más importante, el oro olímpico conquistado en Atenas 2004.
Talento, garra, verticalidad, velocidad y un cañón en la pierna izquierda, todo ello mezclado con la clásica pasión que los argentinos despliegan en todas y cada una de las cosas que hacen. Devoción que no les hace permanecer indiferentes ante nadie, como es el caso de Kily González, ídolo de las aficiones de los equipos cuya camiseta ha defendido. Compromiso y trabajo le hicieron ganarse ese cariño.




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