miércoles, 18 de abril de 2012

El Barça se mete en un lío

Los jugadores culés se lamentan tras el gol encajado / Marca.com
Nadie contaba con esto. Madrid y Barça han perdido sendos partidos de ida de las semifinales de Champions League, ante Bayern y Chelsea respectivamente. Si el Madrid sucumbía el martes en el Allianz Arena por 2-1, el Barça hizo lo propio anoche en Stamford Bridge por 1-0. No obstante, todo queda abierto para los partidos de vuelta en los que los clubes españoles siguen siendo favoritos para ocupar plaza en la final de Múnich.

El encuentro de anoche puso en liza dos estilos de fútbol radicalmente distintos: la sutileza frente a la fuerza bruta. El Barcelona no sabe jugar a otra cosa. Quiso imponerse a su rival desde el control del juego y la posesión del balón, como acostumbra. Sin embargo, delante tuvo a un conjunto superlativo en nivel de masa muscular, preparado para defender olvidándose del balón y esperando la ocasión que le adelantase en el marcador. Ese sistema, óptimo para jugadores como Lampard u Obi Mikel, sacrifica al único jugador de talento blue, por el que deberían pasar todas las jugadas elaboradas. Juan Mata no apareció en toda la noche, más preocupado por las ayudas constantes a Cole en la defensa de Alexis, y por tapar el carril de subida de Dani Alves. En ese aspecto perdió el fútbol. Perdimos todos.

Si bien el Barça monopolizó el control del balón (la posesión superó en ocasiones el 80%), su juego no gozó de la claridad mostrada en otras citas. Disfrutó de  varias oportunidades para adelantarse en el marcador: primero Alexis remató al larguero y después Fabregas no encontró portería en dos ocasiones; pero el balón parecía empeñado en no cruzar la línea de gol.

Mientras, el Chelsea permanecía agazapado, confiando todas sus esperanzas a Drogba. El jugador de Costa de Marfil dio un auténtico recital anoche. A sus 34 años demostró que sigue siendo un jugador del más alto nivel en partidos como este, por lo que Torres tendrá que seguir esperando. Su brega constante con Puyol por cada balón engrandeció al fútbol, recordándonos que se puede pelear a muerte y, sin embargo, ayudar a levantarse al enemigo cuando el juego ha sido detenido.

Y de esta manera transcurrió el partido, con el Barça moviendo el balón y el Chelsea a la expectativa, defendiendo a la perfección y haciendo que la baja de David Luiz pasase totalmente desapercibida. Pecó el Barça de intentar entrar por el centro y olvidarse de las bandas. Fruto de esto llegó el gol local en el descuento de la primera parte: Messi arriesgó con una conducción innecesaria por el centro que acabó en pérdida de balón, Ramires se puso el traje de Usain Bolt y cedió el esférico a Drogba que solo tuvo que empujarla. Gol psicológico, como dicen.

La segunda parte fue más de lo mismo. Messi seguía empecinado en conducir el balón más de lo necesario, mientras los jugadores entrenados por Di Matteo le cosían a patadas. Es loable la actitud del argentino, que no se tira nunca. Pero ayer no tuvo el día, aunque no cejó en el intento. La suerte que sonrío al Barça en aquel estadio años atrás ayer pasó de largo. El espíritu del Iniestazo sobrevoló el campo cuando, en el último minuto, Pedro estrelló un balón en el poste que habría supuesto el empate. No era el día.

Así acabó todo. Con un premio inmerecido para un equipo que se olvidó de atacar y que defendió a las mil maravillas. Pero con eso no bastará para aguantar en el Camp Nou. Noventa minutos corriendo detrás del balón son demasiados si este pasa por los pies de Xavi o Iniesta. El Barça es el favorito, pero deberá probar otras alternativas de juego si quiere hincarle el diente a este Chelsea que se mostró excesivamente cómodo acumulando hombres por detrás del balón.

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