viernes, 2 de marzo de 2012

¿Te acuerdas de... Esnáider?

 LA PASIÓN DEL TANGO
Cromo de Esnáider 94-95 / Minuto 91
Sudores fríos corrían por las sienes de los árbitros cada vez que se echaban la mano al bolsillo para sacarle una tarjeta. Los linieres hacían la vista gorda cada vez que el delantero hispano argentino quedaba en posición de fuera de juego. Sus entrenadores miraban hacia otro lado cuando se cruzaban con él en su camino hacia el banquillo tras haber sido sustituido. Hasta los zagueros rivales le pedían permiso antes de intentar quitarle el balón. Porque Esnáider daba miedo dentro de un terreno de juego. A su magnífica clase con el balón en los pies le añadía una agresividad fuera de lo común que le acarreó más de un disgusto y que, quizá, le impidió hacerse un hueco en la historia del fútbol.

Juan Eduardo Esnáider (Mar del Plata -Argentina- 5 de marzo de 1973) fue un trotamundos del balompié. Llegó a jugar profesionalmente hasta en once equipos diferentes, aunque sus mejores momentos los vivió en Zaragoza, donde consiguió ser feliz. Tras destacar en el humilde Ferro Carril Oeste argentino, el Real Madrid se fijó en él y le abrió las puertas de Europa. Con apenas 18 años y una cabeza que nunca terminaría de amueblar, Esnáider llegó a la capital de España con ganas de comerse el mundo a ritmo de tango.
Este baile, tan agresivo y pasional, es una metáfora del juego de Esnáider, que no controlaba el balón, lo acariciaba antes de golpearlo con violencia hacia la portería contraria. Por ello se ganó el sobrenombre de Gardel, en alusión al legendario Rey del Tango: Carlos Gardel. Este mito de la música de origen desconocido (Uruguay o Francia) fue acogido por la madre Argentina del mismo modo en que Esnáider lo fue por España. Según él mismo ha reconocido en más de una ocasión: “soy argentino, pero futbolísticamente me siento español”.
Su llegada al club de Conchaespina se produjo apenas seis partidos después de haber debutado en la Primera División argentina. Quizá fue algo precipitado, pues le costó adaptarse al fútbol europeo, que era mucho más rápido que el de su país. Por ello en el club decidieron que en el segundo año se foguease con el equipo filial, algo que le vino muy bien, aunque al principio no le gustase, como reconoció años después de su retirada. Otras voces señalan que esto se produjo por los incidentes acaecidos en la Copa del Mundo sub-20 de 1991 en Portugal.
Aquella pubertosa albiceleste contaba en sus filas con jugadores de la talla de Pochettino, el Chelo Delgado y el mismo Juan Esnáider. Se esperaba mucho de ese clan aquel verano y su actuación no dejó indiferente a nadie. El equipo no respondió a las expectativas creadas y acabó último de su grupo. Ojalá todo hubiese quedado ahí. En el partido ante el anfitrión (que a la postre se proclamaría campeón del torneo), en el que ya destacaba un imberbe Luis Figo, la Selección Argentina sub-20 sonrojó a su país con un comportamiento barriobajero digno del más precario arrabal, de donde es originario el tango. Perdieron por 3 goles a 0 y finalizaron el partido de milagro, con ocho jugadores. Fue un partido bronco desde su inicio. A los treinta segundos, Esnáider debió ser expulsado por una dura entrada a Gil que el árbitro no se atrevió a sancionar tras una intimidatoria mirada del argentino. Ya con el partido decidido, fruto de la impotencia, nuestro protagonista realizó una sobrecogedora entrada que, esta vez sí, el trencilla sancionó con tarjeta roja. El delantero emprendió el camino hacia el vestuario, no sin antes amagar con dar un cabezazo al juez del partido y llamarle “hijo de puta”, dando muestras de un deslumbrante dominio del lunfardo. La FIFA sancionó con dos años a la Selección Argentina y a Esnáider con uno. De esta manera comenzó a forjar su polémica reputación.
Pronto se supo que nunca triunfaría en el Real Madrid, que no gustaba de contar en sus filas con jugadores tan polémicos. Por ello fue cedido al Real Zaragoza en la temporada 93/94, donde alcanzó sus mayores éxitos deportivos. Con el club maño ganó una Copa del Rey, cuya final se perdió por sanción, y una Recopa de Europa. La noche de la final europea en París, donde ya a principios de siglo triunfase el tango, fue la más brillante de su carrera. Gardel volvía a la capital francesa, pero esta vez vestido de corto y con mirada de pandillero. El Zaragoza se enfrentaba al todopoderoso Arsenal. Esnáider abrió el marcador con una sublime y furiosa volea desde la frontal del área y Nayim entró en la historia del fútbol anotando el gol de la victoria (2-1) en el último minuto con un disparo desde cincuenta metros que batió a Seaman, que ya estaba recortándose el bigote para salir guapo en los lanzamientos desde el punto de penalty. Juan Eduardo siempre ha reconocido el gol que anotó ese día como el más importante de su vida.
Tras una temporada huérfana de escándalos, todo volvió a la normalidad el segundo año. En sus orígenes, el tango se bailaba a escondidas en los clubes de los suburbios argentinos. Bien pudieron ser las ganas de bailarlo las que le hicieron abandonar la concentración de su equipo en pretemporada junto al uruguayo Poyet para visitar un club de copas. La travesura acabó en escándalo. Esnáider se vio involucrado en una pelea en la que agredió a un joven de 17 años que acabó denunciándole.
Ya en el Atlético de Madrid vivió el momento más duro de su carrera. En el Vicente Calderón se disputó el partido de vuelta correspondiente a los cuartos de final de Champions ante el Ajax. Esnáider suspiró antes de lanzar el penalty que clasificaría a su equipo para la siguiente ronda. Con decisión y energía pateó la pena máxima, pero el desgarbado Van der Sar rechazó el balón hacia su derecha despertando así de su sueño europeo al Atlético de Madrid. Fue justo ahí cuando volvió a aparecer el carácter incontrolable del marplatense, que realizó una escalofriante entrada por detrás a Richard Witschge que el árbitro, intimidado, solo se atrevió a sancionar con tarjeta amarilla. El equipo rojiblanco quedó eliminado de la competición y Esnáider marcado para siempre por los insultos que dirigió a Radomir Antic cuando fue sustituido. Justificó aquella actuación afirmando que “cuando me sustituyen, me siento mal y si estoy acelerado, reacciono así”. Fue sancionado con un partido por la UEFA.
La turbulenta relación con Antic le hizo abandonar el club del Manzanares para recalar en el Espanyol en la 97/98. A mitad de su segundo año la Juventus le reclamó para suplir la baja de Del Piero por lesión. Permaneció allí dos temporadas compartiendo vestuario con Zinedine Zindane (al que siempre admiró), pero las lesiones le impidieron deslumbrar. No anotó un solo gol y nunca se sacó esa espina. Según él ha reconocido: “me habría gustado estar mejor en la Juve, siempre estaba lesionado”.
Regresó al Zaragoza en 2001, donde logró otra Copa del Rey. Su carácter volvió a jugarle una mala pasada impidiéndole participar en la final por sanción. Tras esta etapa, continuó dando tumbos por el mundo futbolístico con escaso éxito: Oporto, River Plate, AC Ajaccio (Francia), Real Murcia y Newell’s Old Boys (Argentina). En su etapa murciana de nuevo protagonizó un altercado con una periodista local a la que llamó “imbécil” durante una rueda de prensa. La mujer le denunció y al jugador se le impuso una falta de injurias. Viendo que ya solo era noticia por sus escándalos y no por sus goles, colgó las botas en 2004 siendo consciente de que podía haber logrado mucho más de lo que alcanzó, pues apenas jugó tres partidos con la selección albiceleste, donde nunca le perdonaron el episodio de Portugal.
Su incontrolable temperamento fue el particular lastre que le impidió ser decisivo a nivel mundial. En los momentos de tensión nunca escogió el camino correcto. Se equivocaban sus entrenadores de juvenil que aseguraban que conseguiría “corregir su carácter”. Nunca lo logró. La suya fue una carrera turbulenta y trepidante, de maletas y aeropuertos, sin casa fija y con el pasaporte siempre a mano. Bien se podría resumir con una frase de un tango de Gardel: “Cuántos desengaños, por una cabeza”.

6 comentarios :

  1. Tuve el placer de verle en directo en La Romareda marcándole un golazo al Depor en un partido que terminó 2-1. Pero eso fue cuando todavía éramos el Real Zaragoza y no la mierda que nos ha dejado Agaputo.

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  2. Como diría el mítico Andrés Montes: Esnáider pertenece al club del 'Cicuta Mix'.

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  3. Gran entrada Roberto. Nos has hecho recordar a uno de esos jugadores que podrían haber aido muy grandes, cualiades no le faltaban, pero se quedó en un guerrillero vestido de corto.

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  4. La verdad es que la entrada ha sido muy detallada pero no estoy de acuerdo en alguna apreciacion sobre su caracter y lo que la gente veía de Juan Eduardo Esnaider, no por lo menos en lo que yo veía. Me parecía que si le hubiesen dado bola, y minutos cuando lo repescó Mendoza para el Real Madrid pagando el doble por él hubiera triunfado mucho más porque su calidad y condiciones eran excelentes. Este Futbolista era mi idolo de la infancia, ese genio y esa bravura la veía reflejada en mi cuando yo jugaba.

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  5. El Real Zaragoza siempre ha tenido grandes delanteros centros, pero después de Juan Eduardo Esnáider ya ninguno llegó a ese nivel (ni Milosevic, ni Diego Milito, ni David Villa, etc.). Mi opinión es subjetiva, claro, pero yo los he visto a todos en La Romareda cada domingo desde la temporada 90-91, y como Esnáider para mí ninguno. Era capaz de controlar cualquier balón por perdido y difícil que le llegara, su memoria visual era como si fuera capaz de ver la portería y la colocación del portero de espaldas, su disparo de empeine violento y sin embargo siempre colocado a donde él quería, etc. Para entenderlo más que con palabras había que verlo cada domingo, hasta en sus expulsiones justamente merecidas tenía clase, diría que incluso cuando ofendía a un árbitro o a un linier lo hacía con clase en sus gestos. También fue el ídolo de mi infancia. Aunque en ese equipo de mediados de los 90 podía ser cualquiera: Pardeza, Higuera, Poyet, Aragón, Aguado, Belsué, Nayim, etc.

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