domingo, 25 de marzo de 2012

El Zaragoza se aferra a Primera y el “Efecto Simeone” se diluye

Los jugadores del Zaragoza celebran el gol de Apoño / as.com
Parece que el áspero discurso de Manolo Jiménez por fin ha calado en sus pupilos. El preparador sevillano se puso al frente de un equipo derrotado, con una tendencia negativa que le hacía perder un partido tras otro, a veces sin merecerlo. Pero el Zaragoza comienza a ver la luz al final del túnel y ha abandonado virtualmente el último lugar de la tabla clasificatoria. Ya dijo que “compitiendo como en los últimos partidos, le podemos ganar a cualquiera”.
Si hace varias semanas Jiménez afirmó que sentía “vergüenza por la imagen que daba el Real Zaragoza”, menos de un mes después la situación es bien distinta. El equipo ha sumado diez puntos de quince posibles desde que perdiese de forma estrepitosa en Málaga. Además, conviene destacar que en esos cinco partidos ha ganado a rivales del nivel del Atlético de Madrid, Valencia o Villarreal.
El partido de esta mañana entre el Zaragoza y el Atlético de Madrid en La Romareda ha sido uno de esos encuentros desagradables para el espectador, pero muy intensos para los habitantes del banquillo. La posesión del balón dividida y escasas ocasiones de gol. Como ha dicho Álvaro Domínguez en zona mixta: “las cosas habrían cambiado si hubiesen entrado los remates a la madera de Falcao y Adrián”. Pero como en el fútbol las hipótesis no valen para nada, el que se ha llevado el gato al agua ha sido el equipo local. En el minuto 94 de partido, el uruguayo Godín permitía que la afición maña siguiese soñando con la permanencia, merced a un penalti tan claro como absurdo, tan inoportuno como innecesario. Más aún si el especialista del equipo contrario es un tal Apoño, un auténtico seguro de vida desde los once metros. No falló y con su gol aleja al equipo rojiblanco de los puestos europeos y da oxígeno al Zaragoza.
Asimismo, Manolo Jiménez ha querido rebajar el nivel de euforia tras la victoria, sabedor de que aún queda un largo trecho por recorrer. Su discurso ha sido de mesura y de agradecimiento a sus jugadores que, esta vez sí, "han dado lo máximo". Es consciente de que no dependen de ellos mismos para salvarse, pero que trabajando así hay lugar para la esperanza.
De esta manera el Efecto Simeone comienza a perder fuerza, si es que algún día la tuvo. El entrenador argentino, merced a una fuerte maquinaria propagandística, ha gozado de una calma institucional que ya le habría gustado disfrutar a su predecesor. Es cierto que el Cholo tiene las cosas claras y en ningún momento ha intentado vender humo. Él trabaja y trabaja. El problema es que desde su llegada se ha querido vender una situación que no pasa de ser mero artificio. Si Manzano consiguió un 39% de los puntos disputados en liga, Simeone ha llegado solo al 51%, y puede acabar esta jornada en novena posición, solo dos puestos por encima del lugar que ocupaba cuando tomó las riendas del equipo. Esa es la realidad del Efecto Simeone. Claro que Gregorio Manzano nunca fue jugador profesional.

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