viernes, 17 de febrero de 2012

¿Te acuerdas de... Penev?

LUBO PENEV, LA TORRE DEL DOBLETE
Cromo de Penev 95/96 / Minuto 91
Con cada galopada de este búlgaro temblaban los cimientos de los estadios. Cada contacto de sus botas con el césped era un golpe hueco que los hinchas sentían en lo más profundo de su pecho. Su cabeza, situada a 193 centímetros del suelo, remataba sin contemplaciones todo balón que osase pasar cerca de él. Sus casi 85 kilos eran un auténtico muro contra el que los defensas se topaban cada vez que querían robarle el esférico cuando él lo aguantaba de espaldas al arco esperando la llegada de algún camarada. Su tremendo pundonor le hizo ganar muchos partidos, alguno más allá de los terrenos de juego; y su fuerte carácter le trajo más de un problema, incluso algún directivo acabó con un ojo a la virulé tras una discusión subida de tono. Así era Penev, La Torre del doblete.
Luboslav (Sofía, 31 de Agosto de 1966) fue un talento precoz. En 1988, con apenas veintidós años, fue nombrado mejor jugador de su país, tras haber logrado con el CSKA de Sofía más de ochenta goles en apenas cinco años. Este gran registro individual fue aderezado con múltiples trofeos colectivos, que le permitieron dar el salto a una gran liga europea. Fue el Valencia, entonces presidido por Arturo Tuzón, quien se hizo con sus servicios en 1989. El equipo ché intentó sin éxito fichar también a su compatriota Hristo Stoichkov, pero finalmente la operación no se materializó.
Lubo se presentó así ante el mundo del fútbol europeo, el fútbol de máximo nivel. Con el Valencia firmó unos buenos números con los que se hizo un nombre en nuestra liga. La temporada 92/93 fue la más prolífica en cuanto a número de goles, pues llegó a anotar veinte. En aquel equipo ya asomaba la cabeza un tal Gaizka Mendieta, con el que nuestro protagonista coincidió tres temporadas.
Desde su consagración en el fútbol profesional, el búlgaro fue un fijo en su selección. Estaba citado con el destino para hacer algo grande. La suya fue la mejor generación de jugadores búlgaros de la historia: Stoichkov, Borimirov, Ivanov... El mundial de USA 1994 estaba marcado en rojo en el calendario de todo búlgaro aficionado al fútbol. Penev lo tenía claro: ese sería su momento. Lamentablemente, el 27 de enero de 1994 se conoció que sufría un cáncer testicular. Así acabó su sueño de triunfar en un mundial. Aquella temporada no jugó un solo partido más y se perdió la Copa del Mundo. No obstante, su selección hizo un papel impresionante, finalizando el torneo en cuarta posición. Parece lógico pensar que, con la participación del ariete valencianista, ese cuarto puesto podría haber sabido a poco.
Tras superar su dolencia, en 1995 Jesús Gil contrató sus servicios por orden de Radomir Antic, junto al gran Milinko Pantic. Con ellos se cerraba una plantilla portentosa que ese mismo año se haría con el célebre Doblete. Con 29 años, en plena madurez futbolística, Penev fue el máximo goleador del equipo anotando veintidós goles entre ambas competiciones. Aunque la historia atlética le ha relegado a un segundo plano, él fue la referencia en ataque de aquel equipo, el rematador insaciable. Junto a Kiko formó una dupla imponente e imposible de parar sin mancillar previamente el reglamento. Dos delanteros tanques. Kiko habilidoso y asistente; Penev rematador despiadado. Con Pantic centrando balones como si no costase, Caminero regalando al fútbol dulces melodías y Simeone acobardando a los rivales con su fútbol de trincheras, ese equipo se alzó aquel año con la Copa del Rey y la Liga, escribiendo así la página más gloriosa de su historia.
Tras este rotundo éxito, el gestor deportivo Jesús Gil se deshizo de Penev para reforzar el equipo con la incorporación de Juan Eduardo Esnáider, en la que fue la primera de una larga lista de operaciones fallidas en el club colchonero. Cuentan las malas lenguas que su salida tuvo que ver con un enfrentamiento con Antic. Lubo recaló en la SD Compostela de Fernando Vázquez, donde consiguió 32 goles en liga en solo dos años. En 1998 abandonó la capital gallega para fichar por el mejor Celta de Vigo que se recuerda. Así unió su nombre a los de Karpin, Mostovoi, Mazinho, Dutruel, Salgado, Makelele, Revivo, Gudelj, Juan Sánchez o Pinto; que formaban un equipo altamente competitivo, un fijo cada año en la Copa de la UEFA con su fútbol alegre de la mano de Víctor Fernández. Fue ese año cuando Penev logró una de las mayores gestas de su vida: en Balaídos se impuso el Celta 5-1 al Real Madrid (por aquella época vigente campeón de Europa), con hattrick suyo incluido. El conjunto vigués finalizó la temporada en quinta posición y llegó hasta cuartos de final en la UEFA, eliminando al Liverpool en Anfield con un gol de Revivo.

Con la edad de Cristo, un año después de su llegada a Vigo, el delantero abandonó nuestra liga con 129 goles a sus espaldas. Regresó a su país para devolver a su pueblo el cariño recibido ingresando en la plantilla del Lokomotiv Plovdiv, donde jugó desde 1999 hasta el 2001, año en que se retiró definitivamente. Tras su retirada protagonizó breves periodos de dirección deportiva en la federación búlgara de fútbol y el CSKA de Sofía, y en 2009 tomó las riendas del banquillo en el club de sus amores. Actualmente es seleccionador de Bulgaria.

1 comentario :

  1. simplemente emociante!!! que buen análisis del matador búlgaro...pero una cosa que ya la leído más veces, el doblete es muy valioso, quizá el amor a estos colores tenga ahí su punto de confirmación para la gente que nacimos a finales de los 80, pero no es "la página más gloriosa de nuestra historia", tenemos un doblete europeo, una intercontinental, una Recopa... Nuestra leyenda es más que un año maravilloso, mucho más...

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