viernes, 20 de enero de 2012

¿Te acuerdas de... Oli?

EL DELANTERO QUE JUGABA ENFADADO
Cromo de Oli 95-96 / Minuto 91
Recuerdo una época, no hace demasiado, en la que el Real Oviedo militaba en Primera División, codeándose con los grandes de España. De la mano de Javo Irureta primero, y de Radomir Antic después, aquel Oviedo llegó a disputar incluso una Copa de la UEFA, tras quedar sexto en la temporada de 1991. Al año siguiente, un joven asturiano comenzaba a despuntar en la AD Universidad de Oviedo, por lo que Antic pidió su fichaje para las categorías inferiores, comenzándose así a forjar una leyenda del fútbol asturiano.
Aquel joven no era otro que Oliverio Jesús Álvarez González (2 de abril de 1972, Oviedo), más conocido como Oli. Debutó con el Real Oviedo en 1993 y al año siguiente ya se hizo con una ficha en el primer equipo. Delantero de escasa estatura y piernas poderosas que no daba un balón por perdido, Oli saltaba al campo enfadado, con cara de perro y ganas de molestar a los defensas rivales (y al árbitro) durante noventa minutos. Siempre se le acusó de no ser demasiado diestro con los pies, en cambio, su remate de cabeza era admirado. Su forma de jugar recuerda a la de Raúl (ambos zurdos) que, sin ser vistoso estéticamente, sabía sacar rendimiento a sus cualidades en forma de goles.
Lamentablemente, la llegada de Oli al Oviedo coincidió con el inicio de la decadencia de aquel equipo. Tras la salida de Antic en 1995, el equipo comienza a pelear por evitar el descenso, pese a contar en sus filas con jugadores de la talla del tristemente desaparecido Peter Dubovsky, Carlos Muñoz, Christiansen o un joven Roberto Chino Losada. No obstante, Oli se convirtió en jugador indiscutible en el once y en un ídolo de la afición.
Una de sus noches mágicas llegó el 2 de febrero de 1997. Aquel día un Real Oviedo en horas bajas llegaba al Camp Nou para enfrentarse al Barça de Ronaldo, Figo y Guardiola. La temporada estaba siendo dura para el club asturiano, que coqueteaba con los puestos de descenso. El guión inicial se adaptó a lo previsto y el equipo local se adelantó en el marcador con goles de Pizzi y Ronaldo. Pero cuando todo apuntaba a una nueva derrota del Oviedo, apareció la cabeza de Oli que, con sendos cabezazos (el primero de ellos, una gran vaselina a un adelantado Vítor Baía) colocó las tablas en el marcador e hizo saltar la sorpresa. La fuerza de carácter del delantero hizo que no dejara de luchar cuando todo estaba perdido, algo que le acompañó durante toda su carrera. Bobby Robson no salía de su asombro en el banquillo, junto a un joven José Mourinho. Hoy en día, esta gesta sería sinónimo de #findeciclo, pero por aquella época no era nada inusual que Madrid y Barça perdieran puntos en sus estadios.
Pero si por algo podemos recordar a Oliverio es por los derbis que disputó ante el eterno rival del Oviedo: el Sporting de Gijón. Siempre combativo, el jugador carbayón se convirtió en el principal blanco de las iras de la afición sportinguista. "Cabezón", era la lindeza preferida que le dedicaba la afición al asturiano que fue tantas veces protagonista en estos partidos. Sirvan como ejemplos los partidos de la temporada 94-95 y de la 02-03 (último derbi que disputó el delantero), en los que ganó el Oviedo gracias a los goles de Oli, en el antiguo y en el nuevo Carlos Tartiere respectivamente.
La de 1997 fue la mejor temporada de Oli en toda su trayectoria, llegando a anotar 20 goles en el campeonato liguero. De esta manera, el Real Betis Balompié puso los ojos en él y se materializó su fichaje. Tampoco Javier Clemente ignoró los méritos del jugador asturiano, por lo que le hizo debutar con la selección española el 24 de septiembre de 1997 ante Eslovaquia en Bratislava, en partido de clasificación para el Mundial de Francia. Tras esto, disputó otro partido con La Roja en El Molinón ante Islas Feroe en el que anotó su único gol.

Betis 3 – 3 Zaragoza (97/98). 2 goles de Oli.
Por esa época, el equipo verdiblanco era uno de los gallitos de Primera, pues había acabado cuarto el año anterior, clasificándose para la Recopa de Europa. Con Luis Aragonés en el banquillo, Oli afrontó una tremenda competencia en la punta de ataque, pues tuvo que pelear el puesto con el ídolo local Alfonso y con el carismático Finidi George. Su condición de guerrillero no le bastó para triunfar en el Betis, pues demostró ciertas carencias en otros aspectos del juego más allá del remate y por ello no logró hacerse con un lugar fijo en el once, aunque protagonizó alguna actuación destacada. Aquel Betis comenzó a apagarse progresivamente y tres años después (2000) se consumó el descenso a Segunda División junto al Sevilla y al Atlético de Madrid, en la mayor tragedia que se recuerda en lo que a descensos de categoría se refiere. Carlos Griguol, entrenador del Betis, sorprendió esa temporada decidiendo que Toni Prats ejecutase los lanzamientos de penalty y algunos tiros libres. Esto supuso que el portero lograse más goles (2) que Oli (1) aquel año, para sorna de sus detractores.
Así, un Oliverio más experimentado y curtido en el campo de batalla regresó al equipo que le había visto debutar en Primera. El canterano se unió a otro ídolo de la afición asturiana: Radomir Antic. Juntos esperaban rememorar gestas pasadas, pero esto no pasó de ser una simple ilusión. No obstante, aquel año el equipo azul logró ganar 0-1 en el Camp Nou con gol de Jaime, que apenas contó para Antic durante la temporada. Pese a lograr Oli 15 goles, el mítico Oviedo que en 1992 disputase la Copa de la UEFA, finalizó la liga en decimoctava posición y volvió a Segunda División trece años después. Con este descenso se comenzó a fraguar el supuesto gafe de Oli, que descendió a la división de plata dos años seguidos con distintos equipos.
Esta fue la etapa más dura de Oli como futbolista. Tras no conseguir el ascenso el primer año, la segunda temporada fue nefasta y el club descendió a Segunda División B. Los jugadores, comandados por su capitán, Oli, denunciaron al club por impago. Tras no llegar a un acuerdo sobre la cantidad del aval que garantizase el cobro de las nóminas, los jugadores no retiraron la denuncia y el club descendió administrativamente a Tercera División. El canterano se ganó así la antipatía de parte de la afición ovetense y tuvo que abandonar el club por la puerta de atrás. Aún hoy los aficionados no le perdonan aquel hecho y sigue siendo objeto de sus iras.
Oli con el Oviedo / noticiasdealava.com
El Cádiz, en Segunda División, se hizo con sus servicios ese mismo año (2003) y el delantero jugó allí hasta su retirada en 2006. Su carisma le hizo ganarse el corazón de la afición gaditana que le recuerda como a un ídolo e incluso le dedica chirigotas. En 2005, el equipo amarillo ganó el campeonato y ascendió a Primera División. El ariete cuajó una gran temporada, siendo titular en la mayoría de los partidos y anotando nueve goles. Uno de ellos lo logró el 19 de junio ante el Xerez el día que su equipo logró el ascenso en casa del máximo rival, entrando así en la historia del equipo andaluz. Esto sirvió para que Oliverio se retirase al año siguiente en la máxima categoría del fútbol español con la sensación de haber saldado sus deudas, pero lamentablemente, su equipo acabó la liga en penúltimo lugar y descendió nuevamente, dando así un nuevo motivo a sus detractores para seguir creyendo en su mal fario.
Xerez 0 – 2 Cádiz. Ascenso a Primera con un gol de Oli. 

El uruguayo Víctor Espárrago dejó el banquillo del club gaditano y, para sorpresa de todos, Oli, que aún formaba parte de la plantilla, tomó las riendas del equipo. El jugador asturiano de 34 años tenía intención de seguir vistiéndose de corto, pero la idea de comenzar su carrera como técnico le ilusionaba, ya que se había sacado el carné de entrenador un año antes.
No comenzó bien su trayectoria en los banquillos, ya que fue destituido en noviembre de su primera temporada (2006) tras, paradójicamente, caer derrotado ante el Sporting de Gijón por 5-4. Me consta que aquella noche se descorchó más de una botella de sidra en San Lorenzo. El siguiente curso (07-08) se hizo cargo de la UD Marbella, de Segunda B, que estaba en puestos de descenso. El ovetense logró la permanencia y no renovó su contrato. Mediada la temporada 2008-2009 fue llamado por el Écija Balompié también para sacar al equipo de los puestos de descenso a Tercera División y lo logró. Sendos éxitos le dieron la oportunidad de entrenar al Betis B (2ªB) el siguiente año. Con el equipo verdiblanco logró la permanencia y el siguiente año presentó su dimisión, tras una serie de malos resultados.
Actualmente se encuentra sin equipo y pasa largas temporadas en El Puerto de Santa María e incluso da nombre a un campus de verano para niños (Campus Oli) en el que los más pequeños pueden jugar al fútbol y aprender inglés. Es una incógnita cuál será el próximo paso de Oli en el fútbol español, pero, a buen seguro, seguirá dando órdenes desde los banquillos con cara de enfadado, como si le hubiese sentado mal la cena.


4 comentarios :

  1. Si no le tuve 20 veces repetido en mi colección de cromos, no le tuve ninguna. Qué recuerdos.

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  2. La verdad es que sí. Yo creo a todos nosotros nos vienen a la cabeza los cromos al escuchar hablar de Oli

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  3. Qué tiempos en los que los cromos era la forma de entretenimiento de los más jóvenes y no las videoconsolas y esas cosas que matan las neuronas. Eso si que era una buena forma de divertirse.Melancolía!!!

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  4. A mis 22 años yo sigo haciendo esa colección! Lógicamente no como antaño que se jugaba a los cromos y demás. Pero me sigue emocionando abrir los sobres! Desde la 94-95 hasta la fecha tengo álbunes. Son bonitos recuerdos de como decís épocas muy bonitas.

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