lunes, 21 de noviembre de 2011

La decadencia en un paraguas

Momento en que se suspendió el partido / marca.com
Desde ayer, el libro de la historia de la violencia en el fútbol español tiene una nueva página. En el partido Granada-Mallorca, un individuo arrojó un paraguas al campo que alcanzó directamente en la cara al linier del colegiado Clos Gómez, Javier Rodríguez Aguilar, produciéndole un llamativo corte. El partido fue suspendido.
Era el minuto 60 y el Granada había remontado el gol inicial del Mallorca. El Estadio Nuevo Los Cármenes vivía una de sus noches más especiales con el gol de Martins, que, emocionado, dedicó a su hijo enfermo. Nada hacía presagiar un desenlace así.
Pero tras una dura entrada de Martins, un joven menor de edad decidió convertirse en el protagonista de la noche lanzando un paraguas que hería en la cara a un linier y habría una nueva herida en el fútbol español. Lamentablemente hoy, la Liga BBVA (la que, dicen, es la mejor liga del mundo) será noticia en todos los países no por los goles de Falcao o Fàbregas, sino por la puntería de un energúmeno.
Es aquí donde quería llegar. Ya sea en el fútbol o en cualquier ámbito de la vida, la Justicia es injusta por definición. Me explico: en cada partido se lanzan decenas de objetos al terreno de juego con intención de herir, bien a los árbitros, bien a los jugadores rivales. Tan censurable es el hecho de tirar algo y no acertar, como el de lanzar un objeto y dar en el blanco. La Justicia castiga la puntería o la suerte del infractor. “Tentativa de asesinato”: para mí tan culpable es el que mata, como el que intenta matar. No obstante, sé que no es momento, ni estoy en el foro adecuado para abordar tan delicado asunto.
Pero siguiendo la teoría del Ying y el Yang, se puede sacar algo bueno de todo esto: la reacción de la grada. Los aficionados que estaban sentados alrededor del infractor lo señalaron con el dedo y lo abuchearon, dando muestras de un civismo y una responsabilidad admirables. Gracias a ellos, la policía pudo detener al joven. Este había acudido al partido con unos compañeros y un tutor del centro de acogida al que pertenece.
Tras la suspensión del partido, las reacciones no se hicieron esperar. La manifestación más desafortunada vino a cargo del controvertido Fabri, entrenador del Granada. Manifestó que les invade una “profunda tristeza”, pero que él pensaba que se iba a reanudar el partido, pues los cuartos árbitros están para casos así. Alguien debería hacer saber a este señor que los cuartos árbitros están para cubrir a uno de sus compañeros en caso de lesión. No están para salir a jugarse la vida. Por su parte, Joaquín Caparros se mostró más respetuoso afirmando que “estas cosas hay que cortarlas tajantemente”.
Según varios medios de comunicación, pues en la web del Granada no encontramos esa información, el club andaluz manifestó en un comunicado que el linier sufrió “un pequeño arañazo” del que salío “un poco de sangre”. Por otro lado, el árbitro manifestó que el partido se suspendía porque “tras una agresión así no se puede continuar”. Yo estoy con el colegiado.
Pero a pesar de este incidente, el estadio no debería ser clausurado ni el club sancionado. Nadie es responsable de que un exaltado arroje un paraguas al campo. Solo él. Se trata de un objeto que está permitido en los estadios. La ley debe caer con todo su peso sobre él y el partido debería ser continuado y no a puerta cerrada. Esa es mi opinión.

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