domingo, 20 de noviembre de 2011

Fuerza y vigor en Mestalla

CR7 disputa un balón con Miguel / AFP
Mestalla recibió al Madrid esta noche de sábado repleta de Senyeras y con un césped inestable debido a su reciente cambio (solo once días atrás). Estadio lleno hasta la bandera, y un Valencia aún escocido por la goleada que le endosó el equipo de Mourinho en este mismo escenario la temporada pasada (3-6). A todo esto hay que añadir esa especial aversión (por llamarlo de alguna manera) que la parroquia ‘che’ siente hacia el Real Madrid desde hace unos años y que muchos sitúan en el traspaso de Mijatovic allá por el año 1996 que le hace estar especialmente metida en el juego contra este rival. Y, como era de esperar, el choque no dejó a nadie indiferente.
Voy a empezar con una reivindicación: dentro del pésimo nivel arbitral que asola a la Liga BBVA, me parece muy urgente el hecho de seleccionar a colegiados que demuestren un poco de carácter. Eso mismo le ha faltado esta noche a Texeira Vitiennes, no Fernando, sino José Antonio, su hermano, al que también tendremos que sufrir esta temporada en Primera División. ¡Menos mal que no ha influido en el resultado de manera decisiva! Pero su manera de manejar el partido ha sido lamentable, sin carisma. Este partido dirigido por Collina hubiera tenido el doble de fútbol y la mitad de tarjetas. No ha sido lo más importante del partido, afortunadamente, pero me parecía necesario comentarlo en primer lugar.
Porque lo realmente destacado fue el fútbol: PARTIDAZO, con mayúsculas. Los planteamientos, a priori temerosos, plantearon un verdadero choque en el centro del campo que hubiera terminado en empate técnico de no ser por la mayor pegada del Real Madrid. Tensión y emoción han predominado en un partido jugado al límite por todos, sin miedo a entrar fuerte, desplegando fortaleza física en cada disputa del esférico. Cada lance, por mínimo que fuera, se convertía en un duelo entre defensa y marcador que normalmente terminaba con tarjeta amarilla para el jugador del Madrid envuelto en el enfrentamiento. Curiosa apuesta la de Emery hoy con Parejo enganchando mediocentros y delantero, ya que hasta el momento el ex madridista no había contado en absoluto para el entrenador del Valencia. También llamativo el trivote de Mourinho. Parece que el técnico portugués no quiere a Higuaín y Benzema juntos en el terreno de juego y, ante las ausencias de Di María y Kaka’ por lesión, decidió apostar por un centro del campo formado por Xabi Alonso, Lass y Khedira. Físico en vez de talento, personificado por Granero y Sahin, ambos en el banquillo. No obstante, el Madrid tuvo el control en la primera mitad, ayudado por un Valencia cuyos jugadores estaban más pendientes de defender las incorporaciones de los jugadores blancos desde la segunda línea que de atacar la portería de Casillas. Le salió bien, por tanto, la apuesta a Mou, que consiguió ganar un partido difícil ante un rival de Champions a domicilio.
El 2-3 deja una sensación de equipo en el conjunto blanco difícilmente detectable en los últimos años en el club. Para muestra está la celebración en el gol de Ramos: piña general, donde hasta hace poco CR7 se enfadaba porque el gol no lo marcaba él. Ahora los celebra y además marca el tercero. Mérito de Mou, el cual sigue provocando a la mínima que tiene ocasión. La celebración del tercer gol es tan espontánea como innecesaria, y al espectador le enerva, le crispa y le frustra, más que por el ‘caballito’ sobre Callejón, por el gesto en sí, y por los reproches anteriores a Jordi Alba tras dos faltas cometidas sobre el lateral valencianista.
Con todo esto, y en partido tan vivo, resulta extraño que tres de los cinco goles estuvieran provocados por errores: el de Benzema llega en una empanada de la zaga valencianista leída a la perfección por Xabi Alonso y ejecutada con precisión por el francés (despiste que compartieron con los realizadores de televisión, ya que la imagen del gol no se vio en directo); el tanto de Cristiano Ronaldo llega tras una cantada descomunal de Diego Alves que el luso aprovecha para poner el tercero; y, por último, el segundo de Soldado es producto de la relajación de Marcelo, un lateral tan vertical y habilidoso como descuidado en defensa.
Pero el fútbol es imperfecto incluso en sus episodios más brillantes. Intensidad es el término que mejor define los dos partidos más brillantes de la Liga BBVA en lo que va de competición: este Valencia-Real Madrid y el Athletic-Barça de hace dos semanas. Una fuerza de la que deberían contagiarse el resto de equipos del campeonato y no solo cuando jueguen contra los dos grandes. Si esto no ocurre, los que me intenten convencer de que esto no es una liga bipolar tendrán que buscar argumentos mucho mejores.

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