viernes, 23 de septiembre de 2011

Jugando a ser mal entrenador

José Mourinho en el partido contra el Racing / AP
La Liga BBVA, como tantas otras, es una competición privilegiada en cuanto a varios de sus actores principales, ya sean jugadores o técnicos. En ambos aspectos, contamos con los dos mejores exponentes. Hablo, por supuesto de Cristiano Ronaldo y Messi como jugadores y de Jose Mourinho y Pep Guardiola como entrenadores. Pero, ya sea por una extraña alineación de astros, el efecto invernadero o el ‘Villarato’, la cuarta jornada no ha resultado especialmente satisfactoria para ningún integrante de este póker de estrellas, aunque con diferentes matices.
No obstante, yo me quiero centrar en los ‘jefes’ de los banquillos con más responsabilidad mediática de nuestro país. Y no precisamente para resaltar una táctica infalible, ni un buen planteamiento, ya que esta jornada tanto Mourinho como Guardiola hicieron que su equipo fracasara en su intento de obtener la victoria en Santander y Valencia, respectivamente.
Vayamos por orden cronológico: José Mourinho llegó a Santander en medio de una posible revuelta en el vestuario por parte de los jugadores españoles. Bien es sabido que el portugués es dado a castigar a sus pupilos si nota cualquier tipo de divergencia por parte de estos, ya sea en su comportamiento o a la hora de acatar sus órdenes tácticas. En esta ocasión, el señalado fue Sergio Ramos, al que ‘The Special One’ dejó en el banquillo desde el inicio, decisión motivada, al parecer, por sus declaraciones tras el partido del Levante en las que rehusó excusarse en el arbitraje como motivo principal de la derrota. Opinión distinta con el míster y siguiente partido a chupar banquillo. No es el primero ni será el último en ser castigado. Otros ilustres que estuvieron en esa tesitura fueron el capitán, Íker Casillas, y la estrela, CR7. Junto con esta variación, la inclusión de Varane por Pepe en el centro de la zaga, y las de Lass y Callejón por Khedira y Di María, respectivamente, se dispuso Mou a afrontar el choque contra los de Cúper. Y de nuevo se volvió a equivocar. Puede resultar ventajista hablar de ello después del partido, pero el Madrid venía de perder contra el Levante en un mal encuentro de los blancos, a los cuales les faltó una circulación rápida de balón para conseguir hacer ocasiones. Algo que pareció dar igual a Mou, que tiró de Lass para intentar solventar el problema. Como no podía ser de otra manera, movimiento aún más lento de balón y Granero mirando desde el banco. Bien por Mou, cuyos conocimientos tácticos son casi tan grandes como su ego e infinita prepotencia, que nunca permitirán que dé su brazo a torcer en ocasión alguna. Ya no son sus declaraciones, ni sus gestos, ni siquiera sus agresiones. Esta vez ha fallado en sus puntos fuertes, el planteamiento y el resultado, lo cual sostiene a Mou como entrenador del Real Madrid y algo que difícilmente podrán seguir perdonando sus incondicionales si continúa cometiendo fallos tan clamorosos. 0-0 en El Sardinero y el Madrid podía acabar la cuarta jornada a cuatro puntos del Barça si los blaugranas se llevaban los puntos de Mestalla.
Pero Guardiola, haciendo gala de su caballerosidad, decidió ayudar a Mou con un planteamiento malo donde los haya, además de una reacción tardía provocada, quizás, por la relajación que pudo suponer el mal resultado cosechado por los blancos. El 3-4-3 de Pep tenía una variante importante con respecto al partido del 8-0 ante Osasuna. Guardiola decidió ser conservador incluyendo a Keita en el equipo en detrimento de Thiago. Error de novato cuando juegas contra un equipo al que le gusta el balón, y que este año se ha propuesto seriamente tenerlo. Sin Iniesta, lesionado, y sin Thiago, en el banquillo, Albelda decidió quitarse seis años de sus treinta y cuatro y volvió a ser ese mediocentro que anula por completo a los centrocampistas rivales. Entre él y Banega, hicieron desaparecer a Xavi, Cesc y Busquets, dejando la responsabilidad a Keita de jugar el balón, algo en lo que el malí no es Doctor, precisamente. Con un Messi tan errático como decisivo con su asistencia a Pedro, y una banda izquierda valencianista demoledora, 2-1 al descanso con un Barça claramente superado y un Pep falto de reacción. Dani Alves fue la pieza de la discordia. Empezó en el extremo derecho y, tras diez minutos, ya se vislumbraba el roto en la zaga blaugrana. Mathieu y Jordi Alba llegaban a línea de fondo con una facilidad pasmosa; la banda derecha era como la pasarela de la Cibeles Fashion Week, todo despejado para el Valencia. Pep decidió esperar hasta el descanso para variar el esquema. Fue más de media hora la que tardó en entrar en razón. Fue entonces cuando devolvió a Alves a su posición natural, en el lateral derecho. Aún más tardó el de Santpedor en subsanar el error de no hacer jugar a Thiago. En concreto, diecisiete minutos más. Nada más salir, el internacional español liberó a Cesc de bajar a recibir, y así poder desarrollar la tan mencionada “arnarquía” del catalán sobre el césped. Con Villa también en el campo y un Xavi que empezó a crear fútbol cuando Albelda se retiró lesionado, el Barça comenzó a fluir como sabe. Solo Guaita impidió que el empate se convirtiera en victoria azulgrana con dos grandes intervenciones en las ocasiones de Messi y Villa. Por tanto, empate más que justo en Mestalla.
Termino diciendo que, para mi, los entrenadores son una parte muy importante del fútbol, pero contra la lógica no se puede ir. Como humanos, se pueden equivocar, pero las decisiones obvias están ahí y los problemas de ambos equipos en esta jornada los hubiera solucionado incluso Stevie Wonder. No obstante, la diferencia entre uno y otro está clara: Mou se guía por su ego y Guardiola lo hace, normalmente, por su instinto y su cabeza, aunque en ocasiones esta no reaccione tan rápido como deba.

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