viernes, 30 de septiembre de 2011

Pep, esa no es tu guerra

Guardiola y Rosell se saludan en Minsk / Mundo Deportivo
La situación acontecida en el Barça durante la última semana se puede calificar como delicada. Para mí, tanto que desprendía un cierto olor a esa entidad de no hace demasiados años en los que una declaración provocaba que sus cimientos se resintieran considerablemente. En este caso, y dada la gran estabilidad del mejor equipo del mundo, solo su comandante, el hombre responsable de tan necesaria paz para ganar, podía trastocar el tranquilo devenir del día a día blaugrana. Pues bien, esas palabras llegaron.
No ha estado muy acertado Pep Guardiola al inmiscuirse en la pugna que mantienen la Junta Directiva actual presidida por Sandro Rosell y la comandada por el extrovertido Joan Laporta. La preocupación de Pep por evitar que el conflicto entre ambos alcanzara una mayor magnitud ha tornado en una discusión en la que el máximo estandarte del club se ha puesto, equivocadamente, del lado de uno de los contendientes.
Pep ha expresado su preferencia por Laporta, un presidente tremendamente exitoso en el ámbito deportivo pero muy cuestionado en su política de club, con continuas declaraciones fuera de tono, sobre todo con la prensa madrileña, a la que calificó de caverna mediática españolista. No obstante, fue la Junta que apostó por él en el banquillo, lo cual es un factor para la simpatía de Guardiola hacia el ex presidente azulgrana.
Aún así, la guerra del técnico del Barça es deportiva. Es en el terreno de juego donde Pep tiene que hablar con sus diferentes recursos tácticos. Para lo único que sirven estas opiniones es para dividir al barcelonismo y desestabilizar al famoso entorno mediático azulgrana, hasta ahora calmado y sin ningún foco de crítica en el equipo.
No obstante, no creo que Rosell y Guardiola se lleven mal. Ambos tenían relación cuando Sandro trabajaba en la multinacional Nike, pero las muestras de cariño forzadas que se han visto antes y después del partido contra el BATE Borissov denotan que ambas partes sentían la necesidad de solucionar la papeleta de cara a la prensa, pero no está tan claro que las tensiones o molestias que hayan podido surgir tras estas declaraciones se hayan enterrado del todo.

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