martes, 13 de septiembre de 2011

El timo de la estampita, por Adriano Galliani

Kaká, en un partido con el Real Madrid / Minuto 91 R.H.T.
Nadie pensaba, el día de su presentación en el Santiago Bernabéu y ante más de 50.000 personas que le aclamaban, que Ricardo Izecson Dos Santos Leite, más conocido como Kaká, iba a resultarle al Madrid uno de los peores negocios de su historia. Y es que estamos hablando, sin duda, de uno de los jugadores más talentosos de la última década, ganador del Balón de Oro y el FIFA World Player, entre otros, en el año 2007, sin duda, el mejor de su carrera.
Ídolo en Milán, considerado casi un Dios por los tiffosi rossoneri. Antes de su fichaje por el Real Madrid, en junio de 2009, los rumores sobre su marcha al conjunto blanco le habían acompañado durante varios años antes de que se produjera realmente. Y era normal. Su calidad, verticalidad y capacidad de liderazgo habían llevado al Milán a una final de Champions en la 2004-05, perdida contra el Liverpool en penaltis, y a la consecución del torneo en la 2006-2007, de la cual todos recordamos el antológico partido que realizó el brasileño en la vuelta de las semifinales contra el Manchester United. Kaká humilló aquel día él solito a la defensa de los Red Devils con dos goles de bellísima factura, sobre todo el segundo.
Avalado por estas grandes actuaciones y su liderazgo de un Milán excepcional, además de haber ganado el Mundial en 2002 con Brasil, el de Sao Paulo llegó en 2009 a Madrid por 65 millones de € y después de haber pasado una última temporada con los rossoneri en la que las lesiones le hicieron perderse más partidos de los que él hubiera querido. Aún así, era considerado uno de los tres mejores del mundo, ahora tercero en el podio, por detrás de Messi y Cristiano Ronaldo, y estaba llamado a liderar, junto con el portugués, el nuevo proyecto galáctico de Florentino Pérez. Otro punto a su favor era el de pertenecer a ese selecto grupo de brasileños que prefiere cuidar su matrimonio en vez de disfrutar de la samba.
No obstante, después de su primera temporada, en la que jugó 33 partidos y marcó 9 goles, las dudas sobre Kaká comenzaron a hacerse visibles. A las órdenes de Manuel Pellegrini, el brasileño apenas dejó varios destellos de la gran clase que atesora y terminó la temporada con una lesión de pubis, cuya operación decidió posponer hasta que pasara el Mundial para no perderse esta cita tan señalada en la temporada. Este hecho levantó ampollas entre la afición madridista, que ya andaba mosca por el pobre rendimiento de Kaká durante su primera campaña en el conjunto blanco. La intervención quirúrgica mermó claramente su participación en el equipo, ya que estuvo inactivo hasta la segunda parte de la temporada. El Madrid, ya con el alemán Özil en sus filas, no le echó de menos en todo ese tiempo, dado el buen rendimiento del nuevo crack blanco. No obstante, una vez recuperado, el nuevo entrenador, José Mourinho, le dio las oportunidades necesarias para ganarse el puesto en el once titular. Sin suerte. El brasileño estaba apagado, desganado, sin la chispa y la potencia que siempre le habían caracterizado. 20 partidos y 7 goles fueron los números que Kaká ofreció a la parroquia madridista en la temporada 2010-2011.
Y, como no podía ser de otra manera, llegó el verano y con él numerosos rumores de traspaso. Milán y Arsenal parecían los equipos mejor posicionados para llevarse a Ricardo. Parecía la solución menos mala para el Madrid, ya que, con Özil en plena forma, no parece que el de Sao Paulo vaya a rascar mucha bola con el Madrid este año. Pero Kaká se ha empeñado en quedarse para demostrar su valía. Y su tozudez dio sus frutos en el primer partido de la Liga BBVA, en el que consiguió un golazo frente al Zaragoza.
Pero de nuevo, la mala suerte se ha cebado con él. Cuando parecía que podía obtener minutos como titular, Kaká ha vuelto a caer lesionado por unas molestias surgidas de un choque con Miguel Torres en el partido contra el Getafe. La enésima recaída, una desilusión más para una afición, la madridista, para la cual el brasileño ya no tiene crédito. Pocos somos ya los que creemos en la recuperación del mejor Kaká.
Llegados a este punto, quiero felicitar al señor Adriano Galliani, responsable de la gestión administrativa del Milán, por haber sabido escoger el momento oportuno para sangrar, literalmente, a Florentino Pérez, el cuál cayó, cual anciano pensionista, en el timo de la estampita versión italiana, en la que le estafaron la nada despreciable cantidad de 65 millones de € por un jugador con cara de santo pero cuyo pobre rendimiento es inexplicable.

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